miércoles, 2 de mayo de 2007

El arte de escribir. La Claridad

Lee esta afirmación: Cuantas más palabras y más escogidas se usen en el texto, cuanto más rico sea el lenguaje y abigarrado y barroco sea, más literaria será la obra...
Posiblemente la tienes que haber encontrado alguna vez en un texto sobre retórica o escritura, o quizá lo hayas pensado. ¿Estás de acuerdo con esa frase? Pues si estás de acuerdo, más vale que no sigas leyendo, podemos destruirte algunos esquemas.

• La realidad lectora.
Cuando un editor recibe un original así ("Barroco" en el argot editorial) lo primero que hace es dárselo a leer a alguien de su equipo, generalmente aquel o aquella que peor le caiga, para que haga un informe literario y comercial. La mayoría de los originales "barrocos" nunca superan esa fase.
Hoy en día la mayoría de la gente tendría muchas dificultades con Proust o Joyce o Juan Benet, y de hecho ya las tiene con Chuck Palahniuk.
La novela barroca o experimental requiere voluntad por parte de los lectores, y solicita lectores habituados a eso. ¿Crees que ese tipo de lector es una mayoría? Si lo crees así, aterriza y se bienvenida o bienvenido al mundo real. El lector medio que compra libros HOY EN DÍA quiere pasar el rato entretenido, recordar a los personajes, aprender algo nuevo, sentirse enganchado con el libro, y hablar de él y de su autor a sus amigos y amigas. Descubrir cosas, sí, pero no hacer un doctorado ni levantarse continuamente a por el diccionario. Son los tiempos que corren.
La conclusión es que hay que escribir con claridad. Y para ello nos ayudará la concisión.

• Concisión, densidad, precisión, economía.
Un estilo conciso será aquel que se esmere en utilizar el menor número de palabras para expresar una idea con la mayor exactitud posible. Concisión implica densidad (y no brevedad), y lo contrario sería la vaguedad, la imprecisión, el exceso de palabras y de retórica.
Otra cuestión importante para alcanzar la claridad es la oralidad de la escritura. Un truco que viene bien a la hora de escribir es imaginarse que se tiene al lector delante, e intentar acoplar los aspectos del lenguaje no verbal (una mirada afable, un golpecito afectuoso, un gesto de advertencia, una sacudida de manos...) al discurso por medio de las palabras, del tono, del contenido. Hemos de tener presente que el lenguaje escrito se debe aproximar bastante -más de lo que pensamos- al lenguaje oral. Otra de las cualidades que ayudarán a que un escrito sea claro: la simplicidad. Algo que parece fácil de conseguir y que, sin embargo, se convierte en una ardua tarea cuando nos han enseñado toda la vida a lo contrario: a complicar las cosas.

• El origen de lo barroco.
Lo que ocurre en verdad, es que un buen científico, un buen filósofo, un buen economista o un buen juez no tienen por qué ser necesariamente buenos redactores o buenos escritores; es más, raramente se da ese caso. Ahora bien, cuando coinciden en una persona las dos aptitudes, el contenido de lo que escriba será mucho más asimilable para cualquier lector, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Son los buenos divulgadores que arrasan vendiendo libros de ensayo. Los periodistas que nos cuentan las noticias de forma especial y a los que nos hemos aficionado por su manera de contar.
Esa falta de aptitud (y de ingenio) para la escritura de muchas de las personas que han escrito y escriben HABITUALMENTE (en el campo científico, lingüístico, didáctico, empresarial o periodístico) ha sido claramente nocivo para toda persona que desea expresarse por escrito lo mejor posible, pues si hemos leído mucho de quienes escribían bien, también llevamos el lastre de los que lo hacían mal, por medio de complejas abstracciones difíciles de descifrar, y que son los que han propiciado el tópico -que permanece en el inconsciente colectivo- de que cuanto más confuso y retorcido es un texto, mayor profundidad tiene y mejor escrito está.

Por todo ello, recuerda: Claridad siempre. Concisión. Y sobre todo: Densidad en la economía. Juega con las palabras si quieres, experimenta, pero busca la claridad.

3 comentarios:

René López Villamar dijo...

Pobre barroco, no se merece el trato que le das en este ensayo :P

Tocas un punto muy importante, pero me parece que lo que dices no está muy bien enfocado.

Para escribir con claridad no basta esmerarse en utilizar el menor número de palabras posible. Para escribir con claridad, lo primero es tener una claridad de pensamiento. De nada sirve intentar ser conciso si no se tiene clara la idea de lo que se va a decir (valga la redundancia).

Me parece que esta nota sufre justo de ese problema. Hablas, por ejemplo, de un lector medio que hoy día quiere pasar un rato entretenido. El "hoy día" sobra, pues ese lector medio siempre ha tenido esas expectativas. Eso no evito ni a Joyce ni a Proust escribir lo que escribieron, justamente porque no se dirigían al lector medio. Además, Proust es un gran ejemplo de lo que es escribir con claridad. También es conciso. Es sólo que su materia era muy larga.

Otro problema es utilizar el término "barroco" para lo que en términos llanos es una mala redacción. "Barroco" tiene una multiplicidad de significados. La claridad justamente exige que uses el término más común posible.

Por último, permíteme expresar mi desacuerdo con la última idea de esta nota: "que un buen científico, un buen filósofo, un buen economista o un buen juez no tienen por qué ser necesariamente buenos redactores o buenos escritores"

La claridad en la escritura implica una claridad de pensamiento. Para ser un buen filósofo, abogado o científico, la claridad de pensamiento es muy importante. Una cosa es consecuencia de la otra. Por otra parte, la mayoría de las novelas que disfruta el "lector medio" están muy mal escritas. Son parte de ese lastre que mencionas. Si hay que seguir lo que quiere el lector medio de hoy, entonces habría que escribir mal: abandonar la claridad, ¿o no?

Neikos dijo...

Saludos Noren, ¿cómo va eso?

Me uno a lo que dice el anterior escribidor: "Lo que ocurre en verdad, es que un buen científico, un buen filósofo, un buen economista o un buen juez no tienen por qué ser necesariamente buenos redactores o buenos escritores".

Por mi parte, me dedico a la investigación (en química). Trabajo en la Universidad y se podría decir que soy científico (jeje). Ser científico no tiene por qué conllevar saber redactar bien, pero para ser un BUEN científico, si que es necesario. Y no para vender libros de divulgación (parte importante de la ciencia) sino para poder escribir un buen artículo, un libro cuando se de el caso o dar una buena charla en un congreso.

Cuando ves a un buen comunicador, da gusto. Es como eso que decían los escépticos: la verdad no existe, si existiese no se podría conocer y si se conociese, no se podría comunicar. Pues bueno, como "la verdad" sí se puede conocer, para ser un buen científico, hay que saber comunicarla.

De hecho, y sin enrollarme más, un buen científico suele ser como los ilustrados, y suele tener una buena cultura general.

Noren dijo...

Pues insisto nuevamente en el hecho de que no es necesario ser un buen escritor para ser un buen abogado, por ejemplo. Y viceversa. Lo que es realmente necesario es ser un buen comunicador, ser capaz de transmitir adecuadamente las ideas y la claridad de pensamiento... con independencia del medio elegido para hacerlo. Hay buenos comunicadores que son incapaces de plasmar en blanco y negro sus ideas pero son maravillosos oradores o magníficos docentes y educadores. La escritura es un medio, pero no el único.
Sea como sea, me congratulo de vuestras aportaciones y os invito a continuar con ellas siempre que lo creais conveniente.