Mostrando entradas con la etiqueta El arte de escribir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El arte de escribir. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de julio de 2012

El arte de escribir. Los doce estadios del viaje del héroe



1. El mundo ordinario
Allí donde vive el héroe, tranquilo y aislado del resto del mundo, antes de que comience la aventura.

2. La llamada a la aventura.
Una chispa, una semilla, un acontecimiento, una sorpresa, un invitado inesperado, que remueve los cimientos de la vida apacible del héroe.

3. La resistencia o rechazo de la llamada.

4. El encuentro con el mentor, el maestro o la ayuda inesperada.
Todo héroe necesita un guía en su camino de conocimiento y superación.

5. Cruzar del primer umbral.
El paso que obliga al héroe a salir al encuentro de la aventura y dejar el pasado atrás.

6. Amigos y aliados.
Todo héroe necesita la ayuda de quienes pueden apoyarle en los momentos de dificultad y aportarle la solución a las dificultades que se le presentan durante el camino.

7. Aprendizaje y Pruebas.
Sumisión ante el maestro. Los retos sencillos que ponen a prueba los recién adquiridos conocimientos del héroe. Los primeros éxitos.

8. El Reto.
El enfrentamiento contra el antagonista, sin estar preparado ni capacitado para el desafío.

9. La Caída.
La derrota ante el enemigo, ante sus huestes o ante las propias debilidades. El primer golpe. Las primeras heridas. El reconocimiento de la inferioridad.

10. La Redención.
El héroe descubre sus debilidades, se refuerza y afronta nuevamente el reto.

11. La Recompensa.
Ante la victoria, ante la superación. El premio.

12.  El camino de vuelta.
El final del viaje iniciático, habiendo adquirido sabiduría, poder, riqueza, conocimiento, amigos,...

lunes, 15 de febrero de 2010

El arte de escribir. La estructura básica

Una novela, una historia, una narración o un guión de cine funcionan con protocolos y conceptos similares. En todos ellos observaremos que hay en unas constantes que se repiten, de entre las que cabe destacar aquéllas que afectan a la estructura del relato. Principalmente la clásica división del relato en tres partes: planteamiento, nudo o desarrollo y desenlace. Todos los relatos la respetan de uno u otro modo.
Alguna parte puede estar implícita, e incluso en ocasiones se puede empezar por el final y reconstruir la historia a la inversa, con flashbacks o flashforwards, pero al concluir, las tres partes siempre serán comprensibles por el espectador en su orden lógico, lo que le permitirá entender la historia como una narración lineal.

- Planteamiento.
El planteamiento presenta al personaje o personajes principales en un contexto mediante situaciones concretas; estas situaciones, o un suceso (detonante) ponen en marcha el relato; se trata de algo que afecta al personaje: tiene una misión que cumplir o tiene un problema, deseo o necesidad que le obliga a actuar.
Puede ocurrir que el detonante marque claramente la línea de acción del relato, es decir, que el espectador sepa ya de qué va a ir la película y qué es lo que busca el personaje, pero suele suceder que de improviso surja u ocurra algo que dé un giro a los acontecimentos o los acentúe (punto de inflexión, nudo de la trama o punto de giro) y que meta al protagonista en un lío inesperado que será el que marque la auténtica línea de acción de la historia (trama o línea de acción principal).

- Desarrollo o nudo.
El suceso o circunstancia que ha servido de punto de inflexión nos introduce en el segundo acto, en el que el personaje intenta conseguir su objetivo por todos los medios, y se encuentra siempre envuelto en un conflicto, con algo o alguien, que se interpone en su camino.
En su lucha se encuentra con un suceso o prueba (segundo punto de inflexión) que acelera los
acontecimientos y nos mete de lleno en el tercer acto.
Este suceso (punto de inflexión) tuerce el camino del personaje o agrava la situación ya existente y le sumerge en situaciones complicadas (crisis) hasta un punto de máxima tensión (clímax) que nos hace dudar de la consecución de su meta.

- Desenlace.
El clímax o momento de máxima tensión ha de llevar rápidamente a la resolución de la historia en la que, de una manera u otra, concluye la trama.

Esta estructura que apuntamos se da en la mayor parte de relatos. Las historias tienen planteamiento, desarrollo y desenlace, pero no sólo las historias, sino todas y cada una de sus secuencias, y es precisamente este hecho el que define una parte del relato como secuencia, donde se entiende como secuencia a la escena o conjunto de escenas que completan una estructura dramática.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El arte de escribir. Decálogo (XI)

Diez cosas que deberías saber sobre escritura.

10. Gente con menos capacidad que tú ha tenido más éxito en este negocio.
Es importante saber, desde el primer momento, que escribir no es como hacer cirugía o levantar un rascacielos. Muchos bestsellers de éxito no han sido escritos por ingenieros aeronáuticos. De todas formas, también añadiría que gente con más capacidad que tú también han fracasado en este negocio.

9. Sinopsis clara y concreta.
Ningún editor lee el libro entero, leen sinopsis. Cuando alguien manda un libro a un editor, éste lo reenvía a un lector profesional que hace una sinopsis sobre la que emite una opinión. Obviamente, y dado el inmenso volumen de material que reciben, no todos los manuscritos reciben una lectura completa y adecuada que merecen.

8. No seas demasiado brillante.
El mayor problema con el que se encuentra mucha gente a la hora de escribir es que intentan que una aparentemente monumental idea funcione en el papel. Buscan LA idea.
Escribir es rescribir. La mejor forma de verlo es estudiar los planes de guerra de Napoleón. Cuando le preguntaron por su estrategia para conquistar Italia, Napoleón Bonaparte dijo: "Primero llegaremos allí, después ya veremos...". No intentes ser demasiado creativo, imaginativo o profundo... Así lo único que conseguirás es bloquearte. Nunca conseguirás plasmar en papel la percepción de la grandeza que hay en nuestras mentes. Simplemente empieza a escribir y a ver qué pasa... En cualquier caso tendrás que rescribirlo después.

7. El diálogo es como el oro, gástalo sabiamente.
Una buena descripción puede resumir setenta líneas de diálogo con una frase, o convertir páginas y páginas de diálogo en la simple descripción de una mirada. Es más sencillo escribir un diálogo, pero no todo puede ser diálogo.

6. Conflicto, conflicto, conflicto.
Una historia que no tiene conflicto no es una historia. Sube a tu héroe a un árbol, tírale rocas, tírale rocas mayores, tírale al suelo. La base de nuestro drama son las piedras que le tiramos. Hay lucha, una gran cantidad de obstáculos que pasar, y el equilibrio entre la vida y la muerte es delicado. Tal como Jack Benny dijo una vez: "Si es siempre interesante, es siempre bueno". El conflicto hace las cosas interesantes.

5. Tienes pocas páginas para enganchar al lector.
El lector debe engancharse a la historia desde el principio. Si se aburre, si no entiende lo que sucede, dejará el libro de nuevo en la estantería y empezará con otro. Preparar bien tu historia es crucial. Métenos en tu historia rápidamente.

4. Escribe cada escena aparte.
Mediante tarjetas, una libreta, folios separados,... Las escenas de un libro son como un Tetris, que deben encajarse para crear una línea argumental. Funcionan de la misma manera que los storyboards para los directores, porque permiten desarrollar un flujo argumental. Escribe cada escena en una página separada y después empieza a mezclarlas y barajarlas. Es como trabajar la arcilla, poco a poco comienzan a tomar forma.

3. Conoce el final de la historia antes incluso de empezar a escribirla.
Este es probablemente el consejo más valioso para el juego de la escritura: los mejores libros son aquellos que avanzan, constante e inexorablemente, hacia una conclusión satisfactoria. No necesitas saber exactamente los detalles, pero tienes que saber cómo va a acabar tu historia. El final sumariza el contexto de toda la historia. Una vez que sabes dónde vas, apunta tu historia hacia esa estrella.

2. Sé capaz de describir tu historia en 25 palabras o menos.
Una reseña es ese pequeño comentario que sigue al título del libro en una lista de novedades y que cuenta resumidamente de qué va. Es una herramienta muy importante para escritores, porque te enfoca hacia los elementos clave de tu historia.

1. Estrújate la parte izquierda del cerebro.
Básicamente, nuestra parte izquierda del cerebro es la parte lógica de nuestra mente. Hace matemáticas, conduce el coche, nos mantiene parados cuando el semáforo está en rojo. La parte derecha no puede controlar una contabilidad, conduce demasiado rápido y quiere sacar a la luz nuestros secretos más íntimos a través del arte, la música y la escritura. Cuando lo que sale de ahí tiene esa pinta maloliente, blanda y marrón, es el viejo amigo izquierdo quien nos dice que ya está bien de tonterías incompetentes. Sólo está tratando de protegernos, tratando de que paremos el ritmo. No es lógico ser creativo a base de mezclar y amasar ideas incongruentes entre sí. La parte izquierda hace su trabajo golpeando nuestra ya de por sí baja autoestima. Esa es la razón por la que muchos artistas y escritores son borrachos, drogadictos o están locos como un cencerro... Son sólo la mitad de sus mentes. Todas las historias son artificiales, invenciones. Si quieres escribir, deberás sobrepasar la parte ilógica del proceso creativo. Y el miedo.

lunes, 17 de agosto de 2009

El arte de escribir. Carta a un joven novelista

por Mario Vargas Llosa.

Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda. No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción. La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio. En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario. La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros. En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas. El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas). La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta. La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir. La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético. La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata. Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela. El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real. Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela. Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.

jueves, 21 de mayo de 2009

El arte de escribir. Como se escribe novela negra

por Mariano Sánchez Soler.

Aunque, como autor, he reflexionado poco sobre el acto creativo y sobre la técnica narrativa que utilizo al escribir mis novelas, me veo en la obligación de mostrar la flor de mi secreto: cómo se escribe una novela negra. Bien, la suerte está echada. Como dijo Jack el Destripador: «Vayamos por partes».

1. La búsqueda de la verdad. Si el objetivo de cualquier aventura, de cualquier creación artística, es la búsqueda de la verdad, la novela negra es la expresión más nítida de esta indagación literaria. Su objeto narrativo nace de la necesidad de desvelar un hecho oculto/misterioso que nos mantiene sobre ascuas. A través de sus páginas, el autor se propone, además, desentrañar el impulso escondido que mueve a los personajes y que justifica la existencia del relato desde el principio al fin.

2. La intriga: del quién al cómo. Una novela negra debe escribirse con esa voluntad de intriga, de revelación; cada capítulo, cada página, tiene que conducir al lector hasta la conclusión final sin concederle el más mínimo respiro. Sin embargo, a diferencia de la novela rompecabezas clásica (Christie, Conan Doyle...), que cimentó la gloria de la novela policíaca desde los inicios de la era industrial, en la novela negra escrita a partir de Hammett, con la corriente hard-boiled (duro y en ebullición), tanto o más importante que saber quién o quiénes cometieron un hecho criminal es descubrir cómo se llega hasta la conclusión. Ahí está "Cosecha roja", del gran Dashiell, cualquiera de las novelas de Chandler o el Chester Himes de Un ciego con una pistola como ejemplos del cómo. También es importante el por qué, aunque su respuesta puede resultar secundaria en una sociedad como la nuestra, en la que, como todo el mundo sabe, es más rentable fundar un banco que atracarlo.

3. La acción esencial. Si en la definición clásica de Stendhal «una novela es un espejo a lo largo de un camino», la novela negra es una narración itinerante que describe ambientes y personajes variopintos mientras se persigue el fin, la investigación, la búsqueda. La acción manda sobre los monólogos interiores, y la prosa, cargada de verbos de movimiento, se hace imagen dinámica y emocionante. Es un camino urbano, ajeno a las miradas primarias y a las mentes bienpensantes, donde la creación de personajes y la descripción de ambientes resulta fundamental y exige al autor una planificación previa a la escritura. Aquí radica uno de los rasgos esenciales de la novela negra, que la convierte, de este modo, en novela urbana, social y realista por antonomasia.

4. El argumento. Veamos: aventura indagatoria, intriga, realismo, crítica social, espejo en movimiento... Sin embargo, como diría Oscar Wilde, para escribir una novela (negra) sólo se precisan dos condiciones: tener una historia (criminal) que contar y contarla bien. ¿Y qué debemos hacer para conseguirlo? Antes de empezar a escribir, es preciso tener un argumento desarrollado, una trama en ciernes, un esquema básico de la acción por la que vamos a transitar. Saber qué historia queremos contar: su tema central. Después, al correr de las páginas, los acontecimiento marcarán sus propios caminos, a veces imprevisibles, pero el autor siempre sabrá hacia dónde dirige su relato. Un buen mapa ayuda a no perderse.

5. Lo accesorio no existe. La voluntad de contar una historia y atrapar con ella al lector permite pocas florituras y ningún titubeo. Toda la narración ha de estar en función de la historia que pretendemos escribir. Si leemos "1280 almas", de Jim Thompson, por ejemplo, descubrimos que el novelista escribió una historia exacta, ajustada, sin ningún pasaje prescindible. No en vano, es una obra maestra de la narrativa moderna. Es cierto: una novela criminal puede contener todo tipo de elementos disgregadores de la trama, divagaciones caprichosas, puede cambiar de espejo a lo largo del camino; pero entonces no nos encontraremos ante una novela negra, aunque se mueva alrededor de la resolución de un crimen o se describa un proceso judicial. En la novela negra, como en la poesía, lo accesorio no existe. Un poema puede ser bellísimo, pero si quiere llamarse soneto tendrá que escribirse, como mínimo, en endecasílabos. Es una regla fundamental del juego. Lo mismo ocurre con la novela negra: hay que elaborarla en función de unas reglas (que aquí estoy disparando a quemarropa) aceptadas a priori por el autor. Y para que sea buena literatura, hay que escribirla bien.

6. La construcción de los personajes. Cuestión clave: antes de comenzar a escribir, conviene saberlo todo sobre ellos. Su pasado, su psicología, su visión del mundo y de la vida... Si conocemos a los personajes principales (y muy especialmente al narrador o conductor de la historia, si es uno), el relato discurrirá fácilmente, se deslizará a través de las páginas como el jabón sobre una superficie de mármol y el lector no podrá abandonar el libro hasta el párrafo final. Para ello se aconseja realizar una biografía resumida de los personajes principales, como si se tratara de una ficha policial o un currículum para obtener trabajos basura, dos instrumentos de la vida real muy útiles en la creación literaria.

7. La fuerza de los diálogos. Cuando hablan, los personajes deben utilizar la jerga precisa, sin abusar, con palabras claves, pero sin caer en un lenguaje incomprensible y cambiante. Vale la pena utilizar de manera comedida palabras profesionales. Por ejemplo, si habla un policía, cuando vigila a un sospechoso está marcándole; un confidente es un confite; cuando matan a alguien, le dan matarile... Cada diálogo cuenta una historia, y muchos personajes que desfilan por la novela negra se muestran a sí mismos a través de sus palabras. El diálogo es un vehículo para mostrar su psicología y sus fantasmas. Un ejemplo clásico: Marlowe, en "El sueño eterno", se disculpa ante la secretaria de Brody, a la que ha golpeado:

- ¿Le he hecho daño en la cabeza? -pregunta el detective.
- Usted y todos los hombres con los que me he tropezado.- contesta la mujer.

8. Documentarse para ser verosímil. Para que el lector se crea el relato que se está contando, el autor debe documentarse con el objetivo de no caer en mimetismos fáciles (especialmente cinematográficos). Por ejemplo, en España los jueces no usan el mazo, como los anglosajones, sino una campanita; los detectives españoles no investigan casos de homicidio ni llevan pistola (salvo rarísimas excepciones). Hay que conocer las cuestiones de procedimiento, no para convertir la novela en un manual, sino para no caer en errores de bulto. La verosimilitud lo exige para que el lector se crea nuestra historia. Hay que saber de qué se está hablando. Por ejemplo, de qué marca y calibre es la pistola reglamentaria de la policía española, ¿una pistola es lo mismo que un revólver?, cómo se realiza en España un levantamiento de cadáver..., y tantas otras dudas que surgen a lo largo de la acción.

9. El mundo del crimen. Si la trama que mueve una novela negra ha de ser creíble, los métodos del crimen también. La conclusión de un hecho criminal ha de llegar por los caminos de la razón. En el siglo XXI, los enigmas rocambolescos, los venenos exóticos y las conspiraciones insólitas han sido reemplazados por la corrupción institucional, las mafias, los delitos económicos vestidos de ingeniería financiera o el crimen de Estado. Vivimos en una era post-industrial donde la novela negra es un testigo descarnado de las cloacas que mueven el mundo, más allá del agente moralizador de la burguesía que campaba en las páginas de las novelas-enigma tradicionales. Los tiempos han cambiado y no hay retorno posible. El realismo y la denuncia imponen su rostro literario. Los mejores personajes de la novela negra actual son malas personas, pero, como diría Orwell, algunas son más malas que otras.

Y 10. Advertencia final: nada de trucos. Poe, en "El doble crimen de la calle Morge", inauguró el género policíaco y el género negro posterior al crack de 1929, porque, al escribir esta historia, planteó al lector el juego de descubrir una verdad, en apariencia sobrenatural, con las armas de la razón, a través de una investigación detectivesca. Esa voluntad del novelista, esta complicidad con el lector, exige al escritor no hacer trampas en la construcción de sus historias criminales y plantea, al mismo tiempo, una relación privilegiada con el receptor de sus novelas. Divertir, entretener, emocionar, escribir para ser leído... ¿No es este el objetivo de la Literatura? Hay que jugar limpio con el lector. ¡Las manos quietas o disparo! Para freír un huevo, es preciso romper la cáscara. Siempre.

viernes, 17 de abril de 2009

El arte de escribir. Secretos de maestros

Como escribo, por Italo Calvino.

Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.

Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.

Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.

domingo, 5 de abril de 2009

Refranes (II)

Recopilamos la segunda entrega de los dichos y refranes populares más habituales (y otros que no lo son tanto) para poder utilizar en escritos, narraciones e historias. Estos refranes son dichos breves, que representan algún aspecto del sentido común o de sabiduría popular y expresan verdades básicas de la vida o algún tipo de concepto práctico sobre el quehacer humano.

Hecha la ley, hecha la trampa.

A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.

Cada uno en su casa, y Dios en la de todos.

Cada uno sabe donde le aprieta el zapato.

Nunca te apures para que dures.

Al hablar, como al guisar, su granito de sal.

Que cada palo aguante su vela.

Sobre gustos y colores, no han escrito los autores.

Quien teme la muerte no goza la vida.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Más vale maña que fuerza.

Un error momentáneo llega a ser un remordimiento eterno.

Quien lengua ha, a Roma va.

Dime no con quien naces, sino con quien paces.

Zurrón de mendigo, nunca está henchido.

La mejor felicidad, es la conformidad.

Al freir será el reir. (Y al pagar será el llorar).

A rey muerto, rey puesto.

En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.

Cuando hay hambre, no hay pan duro.

Tarea que agrada, presto se acaba.

Quien poco tiene, pronto lo gasta.

De casi no muere nadie.

Al buen pagador no le duran prendas.

El viejo que se cura, cien años dura.

A los tontos no les dura el dinero.

A la fuerza, ni los zapatos entran.

Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.

Quien mucho da, mucho recibe.

Por el humo se sabe donde está el fuego.

Según hagas tu cama, así dormirás.

Quien siembra si llueve, el día pierde.

Riachuelos pequeños forman los grandes ríos.

Mejor perdiz en la mano que dos en el campo.

A lo que no puedas, nunca te atrevas.

Ahora que tenemos tiempo, cuéntame un cuento.

Mira antes de saltar.

Quien no estudia cuando es jóven, lamentará cuando sea viejo el tiempo perdido.

Trabaja, y no comerás paja.

La buena hilandera en invierno acaba la tela.

El mejor de todos los hombres es el que gusta a todas las mujeres.

Obras son amores y no buenas razones.

Moneda a moneda se hacen las rentas.

En la necesidad, se conoce la amistad.

De hijos y de bienes, la casa llenes.

Si el bueno sufre y el malo prospera, se siente el deseo de hacer mal las cosas.

Cuando el ama no está en casa, las ollas están sin asa.

La unión hace la fuerza.

Más vale enemigo cuerdo, que amigo loco.

Por la hebra y por el hilo, se sava el ovillo.

Como al caballo prueba el camino, a los hombres prueba su sitio.

Cualquier ciudad es mi pueblo.

Quien su origen no conoce, su destino desconoce.

El amor es ciego.

Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

En la vivienda del pobre, la casa siempre es enorme.

Con virtud y con bondad, se adquiere autoridad.

Lo ajeno, más que lo propio, parece bueno.

A barriga llena, corazón contento.

Tanto da el agua en la piedra, que la quiebra.

Más vale tarde que nunca.

Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.

Sabio es aquél que piensa antes de actuar.

No vendas la piel antes de cazar el oso.

El que mucho abarca, poco aprieta.

Quien lee y escribe, nunca pide pan.

Una manzana no cae lejos de su árbol.

Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.

Si una nación tiene un héroe, estará salvada.

Piedra que rueda no hace montón.

Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro.

Moneda ahorrada, moneda ganada.

Más vale prevenir que curar.

Los muertos y las visitas a los tres días apestan.

Más peligroso que mono con navaja.

No hay peor sordo que el que no quiere oir.

Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe.

La ropa sucia se lava en casa.

La suerte es loca, y a cualquiera le toca.

La pereza es la madre de todos los vicios.

El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón.

Genio y figura hasta la sepultura.

El que se quema con leche, cuando ve una vaca llora.

El que se acuesta con niños, se levanta meado.

Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.

Perro que ladra no muerde.

No hay mejor desprecio que no hacer aprecio.

El que a hierro mata, a hierro muere.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

En boca cerrada no entran moscas.

El hábito no hace al monje.

Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.

De grandes cenas están las sepulturas llenas.

Cree el ladrón que todos son de su condición.

El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.

Amar y no ser amado es tiempo mal empleado.

En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.

El que mal anda, mal acaba.

A Dios rogando y con el mazo dando.

Sarna con gusto no pica.

A palabras necias, oidos sordos.

Dios da pan a quien no tiene dientes.

Nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Más vale pájaro en mano que cien volando.

A caballo regalado no se le mira el dentado.

Al que madruga, Dios lo ayuda.

El buey solo bien se lame.

Cria cuervos y te sacarán los ojos.

No por mucho madrugar se amanece mas temprano.

En casa de herrero, cuchillo de palo.

La intención es lo que vale.

Haz bien sin mirar a quien.

Si no puedes ganar dinero en la bolsa, ten miel en la boca.

Quien tiene arte va por todas partes.

Hasta la muerte, todo es vida.

No es bueno huir en zancos.

Guárdate de hombre que no habla, y de can que no ladra.

Adonde el corazón se inclina, el pie camina.

Si amas a alguien, déjalo libre.

Quien canta, sus males espanta.

Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.

Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Al que tiene hambre no le des pescado, enséñale a pescar.

Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.

Manantiales de salud son la higiene y la virtud.

Un padre para cien hijos, y no cien hijos para un padre.

La costumbre hace la ley.

Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.

A donde fueres haz lo que vieres.

Vivirás buena vida si refrenas tu ira.

La que no tiene suegra ni cuñada, esa es bien casada.

La cana engaña, el diente miente, la arruga no deja duda.

domingo, 8 de febrero de 2009

El arte de escribir. Cómo ser un buen escritor

por Charles Bukowski.

Tienes que cogerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
Aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
No te exijas.
Duerme hasta el mediodía.
Evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
Acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
Y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
Quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
Quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
Una amante continua.
Agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
Haz de eso una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primera embestida.
Y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
Hay tiempo.
Y si no hay,
está bien
igual.

viernes, 30 de enero de 2009

Refranes (I)

Recopilamos en esta ocasión los dichos y refranes populares más habituales (y otros que no lo son tanto) para poder utilizar en escritos, narraciones e historias y que complementan, de forma adecuada, las periodicas recopilaciones de citas que ofrecemos en Terra Imagina. Estos refranes son dichos breves, que representan algún aspecto del sentido común o de sabiduría popular y expresan verdades básicas de la vida o algún tipo de concepto práctico sobre el quehacer humano.

Quien mucho abarca, poco aprieta.

En casa de herrero, cuchillo de palo.

A mal tiempo, buena cara.

A pan duro, diente agudo.

Cuando hay hambre, no hay pan duro.

A falta de pan, buenas son tortas.

Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados.

Por la boca muere el pez.

A palabras necias, oídos sordos.

Nadie diga: de esta agua no he de beber

No se debe escupir al cielo.

Más ven cuatro ojos que dos.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

El ojo del amo engorda el ganado.

Quien tiene tienda, que la atienda (y si no que la venda)

Perro que ladra, no muerde.

A cada cerdo le llega su San Martín.

A quien madruga, Dios lo ayuda.

Al perro flaco no le faltan pulgas.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

A su tiempo maduran las brevas.

Genio y figura hasta la sepultura.

En todas partes se cuecen habas.

Quien siembra vientos, recoge tempestades.

A caballo regalado no se le miran los dientes.

Matar dos pájaros de un tiro.

Más vale pájaro en mano, que cien volando.

Donde menos se piensa, salta la liebre.

Mucho ruido y pocas nueces.

Haz bien sin mirar a quien.

Hombre prevenido vale por dos.

Más vale maña que fuerza.

Más vale poco que nada.

La caridad bien entendida empieza por casa.

Quien mal anda, mal acaba.

En boca cerrada no entran moscas

Sarna con gusto no pica.

Mal de muchos, consuelo de tontos.

No por mucho madrugar, se amanece más temprano.

Contigo, pan y cebolla.

Aquí hay gato encerrado.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Dios castiga sin palo y sin rebenque.

El que las hace, las paga.

Ser el último orejón del tarro.

A lo hecho, pecho.

No hay mal que por bien no venga.

Del dicho al hecho hay mucho trecho.

El que guarda siempre tiene.

Donde comen dos, comen tres.

De tal palo tal astilla.

A buen entendedor pocas palabras.

La esperanza es lo último que se pierde.

Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.

De buena harina, buena masa.

Planta, siembra y cría, vivirás con alegría.

Beber y buen comer, buen pasatiempo es.

Aunque los papeles digan una cosa, los hechos dicen lo contrario.

El hábito no hace al monje.

Quien una vez fue ladrón, reincide si halla ocasión.

De carbonero mudarás, pero de ladrón no saldrás

Gustos y colores, los que cada uno prefiera son los mejores.

Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina.

Olla con gallina, la mejor medicina.

Fruta nueva... ¿quién no la prueba?

No hay mejor reloj ni campana, que comer cuando da la gana.

Con azúcar o miel, todo sale bien.

Lentejas, si las quieres las tomas y si no, las dejas.

Comida gustosa: un poquito de cada cosa.

Si la mar fuera vino, todo el mundo sería marinero.

Aceite y romero frito, bálsamo bendito.

Panza llena, quita pena.

Fiesta sin comida, no es fiesta cumplida.

En verano, no hay cocinero malo.

La ensalada: salada, vinagre poco y bien aceitada.

A nadie le amarga un dulce.

De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.

El camino de la boca, nadie lo equivoca.

No habiendo lomo, de todo como.

Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.

Ajo, sal y pimiento, y lo demás es cuento.

Haz buena harina y no toques bocina.

Cuarenta sabores tiene el puerco y todos buenos.

A quien cuece y amasa, de todo le pasa.

Sin harina no se camina.

Huevos solos, mil manjares y para todos.

Las patatas cocidas, alargan la vida.

Ave que vuela, a la cazuela.

Angelitos al cielo, y a la panza los buñuelos.

Abre la boca que te va la sopa.

Pescado de buen comer, del mar ha de ser.

Si tienes alubias, garbanzos o lentejas... ¿de qué te quejas?

Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero.

Carne blanda y vino puro, alimento seguro.

No hay mal que por bien no venga.

Lo que es moda no incomoda.

A la ocasión la pintan calva.

Palos por que bogas, palos por que no bogas.

Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.

Al vivo la hogaza, al muerto la mortaja.

Mal de muchos, consuelo de tontos.

Obra de común, obra de ningún.

Entre bueyes no hay cornadas.

Se pilla al mentiroso, antes que al cojo.

Hierba mala nunca muere.

Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.

Muerto el perro, se acabó la rabia.

Donde no hay harina, todo es mohina.

Paga lo que debes, sanarás del mal que tienes.

Nunca llueve a gusto de todos.

Hombre prevenido vale por dos.

Para amigos: todos. Para enemigos: uno solo.

El saber no ocupa lugar.

Quien roba una vez, roba diez.

Amar es tiempo perdido, si no es correspondido.

No hay mal que dure cien años. (Ni cuerpo que lo resista).

De noche todos los gatos son pardos.

A quien no le sobre pan, no crie can.

Consejo no pedido, consejo mal oído.

El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.

El casado casa quiere.

No sólo de pan vive el hombre.

Amor no respeta ley, ni obedece a rey.

Amor con amor se paga, y lo demás con dinero.

Espaldas vueltas, memorias muertas.

El que no mira, suspira.

Cuando de vista te pierdo, si te he visto no me acuerdo.

Cuentas claras conservan la amistad.

Lo pasado, pisado.

A lo hecho, pecho.

Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.

Más vale solo que mal acompañado.

Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.

Quien quiera saber, que compre un viejo.

Persevera y triunfarás.

Más discurre un hambriento que cien letrados.

Procura lo mejor, espera lo peor y toma lo que viniere.

El que espera, desespera.

Tenga yo salud, y dinero quien lo quisiere.

El que quiere celeste, que le cueste.

El que nace para mulo, del cielo le cae el arnés.

Comer hasta sanar y ayunar hasta sanar.

Quien a uno castiga, a ciento hostiga.

Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita.

Quien quita lo que da, al infierno va.

Hazte la fama y échate a la cama.

Vida sin amigos, muerte sin testigos.

El comedido sale jodido.

Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.

Cada uno habla de la feria, según le va en ella.

jueves, 8 de enero de 2009

El arte de escribir. Como nace un texto

por Jorge Luis Borges.

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

martes, 16 de diciembre de 2008

El arte de escribir. Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Consejos sobre el arte de escribir cuentos, por Roberto Bolaño.

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.


12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

viernes, 31 de octubre de 2008

El arte de escribir. Consejos para crear

Consejos para ser más creativo, por Hugh MacLeod.

1. Ignora a todo el mundo salvo a tu propia cabeza.
2. La idea no tiene que ser grandiosa, sólo tiene que cambiar el mundo.
3. Dedícale horas.
4. Si tu plan depende de que seas "descubierto" por algún "pez grande", tu plan seguramente fracasará.
5. Tú eres responsable de tu propia experiencia.
6. Todos nacemos creativos.
7. Mantén tu ritmo de trabajo estable. Rutina y continuidad.
8. Aquellos que "silencian" la creatividad no pueden competir con aquellos que la potencian y la celebran.
9. Cada uno tiene su propio y particular Monte Everest que escalar.
10. Aquel con talento no necesita nada más. El resto es superfluo.
11. No trates de destacar entre la multitud, simplemente evítala.
12. Si puedes aceptar el dolor, no te pueden herir.
13. Nunca compares tu interior con el exterior ajeno.
14. Morir joven está sobrevalorado.
15. La cosa más importante que una persona creativa puede aprender, profesionalmente, es donde dibujar la línea que separa lo que se está dispuesto a hacer y lo que no.
16. El mundo está cambiando. Avanza con él.
17. El mérito se puede comprar. La pasión no.
18. Evita a los grupos creativos. Las ideas surgen mejor en soledad.
19. Canta con tu propio estilo. La voz propia es única.
20. La elección del medio es irrelevante. La idea elige el medio.
21. Venderse es más difícil de lo que parece, y no es siempre necesario.
22. A nadie le importa. Hazlo por ti.
23. Preocuparse por lo comercial más que por lo artístico es una completa pérdida de tiempo.
24. No te preocupes por encontrar inspiración. Ésta llega tarde o temprano.

25. Escribe desde el corazón.

lunes, 6 de octubre de 2008

El arte de escribir. Decálogo (X)

Decálogo de reflexiones, por Guillem Sánchez Gómez

1. Ser generoso con el lector, no reservarse para más adelante. Hay obras que parecen guardarse cosas, como si el autor no quisiera quemar todos sus cartuchos en una primera novela. Son las típicas historias pensadas para ser trilogías de seis volúmenes, a publicar en nueve libros. Este querer reservarse para más adelante lo considero, como lector, frustrante, y como escritor, mezquino. Dáselo todo al lector en cada novela; la imaginación no debe ahorrarse, es más, aumenta cuanto más se da. Las trilogías, mejor guardarlas para cuando se tenga suficiente argumento para llenar tres libros y que cada uno deje satisfecho al lector. Hay ejemplos numerosos de sagas y trilogías de gran riqueza que no defraudan, así que es posible hacerlas bien. Es mejor estratagema cautivar al lector por la generosidad que defraudarlo por la cicatería de un relato artificiosamente hinchado.

2. Permite que la realidad mejore tus argumentos. El viejo tópico de que la realidad supera a la ficción tiene mucho de cierto. Una buena documentación, un estudio de la realidad, normalmente mejora un relato. Como escritor me gusta estar al acecho de la vida para extraer de ella cosas que me sirvan al escribir. Desde la conversación en la mesa de al lado, hasta los relatos de los libros de historia, todo puede ser usado como material para mejorar un relato, sin olvidar la propia experiencia. Dudo que muchos lectores se hayan dado cuenta de cuánta realidad se puede llegar a meter en novelas de ciencia-ficción.

3. Plantéate las modas comerciales. Pueden tener sentido para un profesional que vive de ello pero ¿son lo que necesita tu relato? Demasiados metros de estanterías han sido rellenados por libros que son meros refritos de los de la estantería de al lado. Escritos bajo encargo, siguiendo descaradamente un tema de moda, son comprensibles en autores que viven de ello y no tienen mayores pretensiones. Lo primero que hago antes de empezar a escribir es preguntarme si vale la pena, si diré algo nuevo, de una manera diferente. Las modas normalmente me sirven para decidir qué no vale la pena escribir. Y en cuanto a los escritores profesionales, los que a todos nos gustan son precisamente los que inventan, especialmente sobre un tema que ya creíamos que no nos iba a sorprender nunca.

4. Una de mis mayores aficiones consiste en experimentar continuamente, pero siendo crítico conmigo mismo. He escrito dramas, comedias, aventuras, en primera persona, en tercera persona y ahora me planteo un relato en cuarta persona... A veces hay que borrar sin misericordia, pero en otras el resultado puede resultar sorprendente. Algunos amigos me reprochan que no sigo un estilo definido en todos los relatos, así que:

5. Rompe tu estilo cuando haga falta. Se puede escribir una obra muy satisfactoria con un determinado estilo y técnica narrativa. Puede que ese relato haya gustado, ganado algún premio... Pero ¿es lo que necesita tu siguiente relato? Me gusta arriesgar y probar cosas nuevas. Algunos autores tienen una gran facilidad para emplear diferentes técnicas y estilos cuando el relato lo requiere sin dejar de ser ellos mismos. Puede reconocerse su mano, pero saben ajustar su técnica a cada situación. Otros autores son tan homogéneos en su estilo, parecen tan apegados a una sola técnica, que después de leer su segunda novela ya sabes cómo van a ser todas las demás. Éstos no son los que me gustan.

6. Se debe permitir a los personajes vivir por sí mismos. Me gusta saber qué voy a escribir, tener un final claro, estudiar cómo van a reaccionar los personajes a lo largo de la novela... y los muy canallas a veces no se dejan. Es fácil maniatar a un personaje en un cuento corto por el limitado desarrollo de este formato. Resulta empero muy difícil manejarlos en novelas largas. Cuando tenía algo pensado para el personaje y me percato que se resiste a hacerlo, que sería antinatural que lo hiciera, nunca trato de forzarlo. Significa que el personaje ha cobrado vida, que empieza a tener personalidad propia y, como un hijo que crece y madura, ya no quiere seguir tus dictados y debes dejarlo seguir su propio camino.

Bien pensado, si el personaje se pone tan difícil que no te deja seguir con la novela que quieres escribir, lo mejor es matarlo de un plumazo y crear otro. No abusemos de la metáfora: esto nunca hay que hacerlo con los hijos de verdad.

7. Un exceso de estilo no es un estilo mejor. Todos nos hemos hallado alguna vez con obras con tanta cantidad de literatura metida a presión que no te dejaba ver el argumento. Amontonamientos de metáforas creciendo como sinfonías de polimórfico cromatismo dialéctico, subidas a refinados árboles de figuras retóricas, engarzadas como garzas sobre zarzas en un... en un... ejem, creo que ya me he perdido. Si la anterior frase te ha gustado, lo tuyo no tiene arreglo (dicho de buen rollo, ¿vale?). Personalmente prefiero, ante la duda, la sobriedad. Una figura retórica, una metáfora o un recurso poético preciosista, destacan con particular belleza en un entorno de sobriedad y sencilla elegancia. Son como el diamante; no destaca tanto entre mil piedras similares como sobre un par de senos jóvenes y turgentes. Dicho lo anterior (los senos no, lo de antes), reconozco que algunos grandes escritores hacían justo lo contrario, pero son casos aislados. Es más fácil caer en la verborrea y ahogar la obra en la artificiosidad. Quien necesite de un estilo florido o más cargado de lo habitual, debe ser consciente del riesgo y medir bien sus fuerzas.

8. No hay que tener miedo a inspirarse. Alguna vez he oído comentarios de gente que teme escribir sobre un tema por una razón bien curiosa: la idea se la ha dado otra novela, o una historia real. Me pregunto qué importa eso. Todos los escritores somos lectores, todos hemos aprendido y nos hemos influenciado con mil y un relatos maravillosos que han ido depositando una capa de sedimento tras otra, hasta crear un suelo firme. De lo que se trata es de crear algo nuevo, de aportar más y mejor. No vamos a dejar de escribir sobre dos jóvenes que se enamoran solo porque ya se ha escrito un millón de veces antes. Toda fuente de inspiración es válida, mientras no se caiga en el plagio. La pregunta importante no es de dónde has sacado la idea de escribir sobre determinado tema, si no qué piensas aportar al mismo y cuál será tu propio camino. Si no se tiene respuesta para estas preguntas, mejor dejarlo correr.

9. Permite al lector hacer su parte del trabajo. El escritor sólo escribe, pero no crea todo el relato. Para que éste se complete es necesaria la participación del lector. Cuando describes un paisaje, el lector debe imaginarlo. Cuando haces actuar al protagonista, el lector interpreta su acción y sus motivos. Esta interpretación no tiene por qué coincidir con la que habías previsto; el lector no tiene que estar siempre de acuerdo con el autor. Convine confiar en su inteligencia, permitirle actuar dentro de la historia, dejar que se apropie de ella. Conste que no me refiero a los finales abiertos, que personalmente no me gustan. Se puede dejar el relato perfectamente acabado y al mismo tiempo darle un margen de maniobra considerable al lector. Conseguir que participe y haga suya la novela, es siempre un éxito.

Finalmente todas estas reflexiones pueden resumirse en un solo consejo infalible:

10. Escribe bien sobre temas interesantes.

miércoles, 25 de junio de 2008

El arte de escribir. Cómo escribir un cuento policíaco

por G.K. Chesterton.

Que quede claro que escribo este artículo siendo totalmente consciente de que he fracasado en escribir un cuento policíaco. Pero he fracasado muchas veces. Mi autoridad es por lo tanto de naturaleza práctica y científica, como la de un gran hombre de estado o estudioso de lo social que se ocupe del desempleo o del problema de la vivienda. No tengo la pretensión de haber cumplido el ideal que aquí propongo al joven estudiante; soy, si les place, ante todo el terrible ejemplo que debe evitar. Sin embargo creo que existen ideales para la narrativa policíaca, como existen para cualquier actividad digna de ser llevada a cabo. Y me pregunto por qué no se exponen con más frecuencia en la literatura didáctica popular que nos enseña a hacer tantas otras cosas menos dignas de efectuarse. Como, por ejemplo, la manera de triunfar en la vida. La verdad es que me asombra que el título de este artículo nos vigile ya desde lo alto de cada quiosco. Se publican panfletos de todo tipo para enseñar a la gente las cosas que no pueden ser aprendidas como tener personalidad, tener muchos amigos, poesía y encanto personal. Incluso aquellas facetas del periodismo y la literatura de las que resulta más evidente que no pueden ser aprendidas, son enseñadas con asiduidad. Pero he aquí una muestra clara de sencilla artesanía literaria, más constructiva que creativa, que podría ser enseñada hasta cierto punto e incluso aprendida en algunos casos muy afortunados. Más pronto o más tarde, creo que esta demanda será satisfecha, en este sistema comercial en que la oferta responde inmediatamente a la demanda y en el que todo el mundo está frustrado al no poder conseguir nada de lo que desea. Más pronto o más tarde, creo que habrá no sólo libros de texto explicando los métodos de la investigación criminal sino también libros de texto para formar criminales. Apenas será un pequeño cambio de la ética financiera vigente y, cuando la vigorosa y astuta mentalidad comercial se deshaga de los últimos vestigios de los dogmas inventados por los sacerdotes, el periodismo y la publicidad demostrarán la misma indiferencia hacia los tabúes actuales que hoy en día demostramos hacia los tabúes de la Edad Media. El robo se justificará al igual que la usura y nos andaremos con los mismos tapujos al hablar de cortar cuellos que hoy tenemos para monopolizar mercados. Los quioscos se adornaran con títulos como La falsificación en quince lecciones o ¿Por qué aguantar las miserias del matrimonio?, con una divulgación del envenenamiento que será tan científica como la divulgación del divorcio o los anticonceptivos.

Pero, como a menudo se nos recuerda, no debemos impacientarnos por la llegada de una humanidad feliz y, mientras tanto, parece que es tan fácil conseguir buenos consejos sobre la manera de cometer un crimen como sobre la manera de investigarlos o sobre la manera de describir la manera en que podrían investigarse. Me imagino que la razón es que el crimen, su investigación, su descripción y la descripción de la descripción requieren, todas ellas, algo de inteligencia. Mientras que triunfar en la vida y escribir un libro sobre ello no requieren de tan agotadora experiencia.

En cualquier caso, he notado que al pensar en la teoría de los cuentos de misterio me pongo lo que algunos llamarían teórico. Es decir que empiezo por el principio, sin ninguna chispa, gracia, salsa ni ninguna de las cosas necesarias del arte de captar la atención, incapaz de despertar o inquietar de ninguna manera la mente del lector.

Lo primero y principal es que el objetivo del cuento de misterio, como el de cualquier otro cuento o cualquier otro misterio, no es la oscuridad sino la luz. El cuento se escribe para el momento en el que el lector comprende por fin el acontecimiento misterioso, no simplemente por los múltiples preliminares en que no. El error sólo es la oscura silueta de una nube que descubre el brillo de ese instante en que se entiende la trama. Y la mayoría de los malos cuentos policíacos son malos porque fracasan en esto. Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores y que, mientras los mantengan confusos, no importa si les decepcionan. Pero no hace falta sólo esconder un secreto, también hace falta un secreto digno de ocultar. El clímax no debe ser anticlimático. No puede consistir en invitar al lector a un baile para abandonarle en una zanja. Más que reventar una burbuja debe ser el primer albor de un amanecer en el que el alba se ve acentuada por las tinieblas. Cualquier forma artística, por trivial que sea, se apoya en algunas verdades valiosas. Y por más que nos ocupemos de nada más importante que una multitud de Watsons dando vueltas con desorbitados ojos de búho, considero aceptable insistir en que es la gente que ha estado sentada en la oscuridad la que llega a ver una gran luz; y que la oscuridad sólo es valiosa en tanto acentúa dicha gran luz en la mente.

Siempre he considerado una coincidencia simpática que el mejor cuento de Sherlock Holmes tiene un título que, a pesar de haber sido concebido y empleado en un sentido completamente diferente, podría haber sido compuesto para expresar este esencial clarear: el título es "Resplandor plateado" ("Silver Blaze").

El segundo gran principio es que el alma de los cuentos de detectives no es la complejidad sino la sencillez. El secreto puede ser complicado pero debe ser simple. Esto también señala las historias de más calidad. El escritor está ahí para explicar el misterio pero no debería tener que explicar la propia explicación. Ésta debe hablar por sí misma. Debería ser algo que pueda decirse con voz silbante (por el malo, por supuesto) en unas pocas palabras susurradas o gritado por la heroína antes de desmayarse por la impresión de descubrir que dos y dos son cuatro. Ahora bien, algunos detectives literarios complican más la solución que el misterio y hacen el crimen más complejo aun que su solución.

En tercer lugar, de lo anterior deducimos que el hecho o el personaje que lo explican todo, deben resultar familiares al lector. El criminal debe estar en primer plano pero no como criminal; tiene que tener alguna otra cosa que hacer que, sin embargo, le otorgue el derecho de permanecer en el proscenio. Tomaré como ejemplo el que ya he mencionado, "Resplandor plateado". Sherlock Holmes es tan conocido como Shakespeare. Por lo tanto, no hay nada de malo en desvelar, a estas alturas, el secreto de uno de estos famosos cuentos. A Sherlock Holmes le dan la noticia de que un valioso caballo de carreras ha sido robado y el entrenador que lo vigilaba asesinado por el ladrón. Se sospecha, justificadamente, de varias personas y todo el mundo se concentra en el grave problema policial de descubrir la identidad del asesino del entrenador. La pura verdad es que el caballo lo asesinó.

Pues bien, considero el cuento modélico por la extrema sencillez de la verdad. La verdad termina resultando algo muy evidente. El caballo da título al cuento, trata del caballo en todo momento, el caballo está siempre en primer plano, pero siempre haciendo otra cosa. Como objeto de gran valor, para los lectores, va siempre en cabeza. Verlo como el criminal es lo que nos sorprende. Es un cuento en el que el caballo hace el papel de joya hasta que olvidamos que una joya puede ser un arma.

Si tuviese que crear reglas para este tipo de composiciones, esta es la primera que sugeriría: en términos generales, el motor de la acción debe ser una figura familiar actuando de una manera poco frecuente. Debería ser algo conocido previamente y que esté muy a la vista. De otra manera no hay autentica sorpresa sino simple originalidad. Es inútil que algo sea inesperado no siendo digno de espera. Pero debería ser visible por alguna razón y culpable por otra. Una gran parte de la tramoya, o el truco, de escribir cuentos de misterio es encontrar una razón convincente, que al mismo tiempo despiste al lector, que justifique la visibilidad del criminal, más allá de su propio trabajo de cometer el crimen. Muchas obras de misterio fracasan al dejarlo como un cabo suelto en la historia, sin otra cosa que hacer que delinquir. Por suerte suele tener dinero o nuestro sistema legal, tan justo y equitativo, le habría aplicado la ley de vagos y maleantes mucho antes de que lo detengan por asesinato. Llegamos al punto en que sospechamos de estos personajes gracias a un proceso inconsciente de eliminación muy rápido. Por lo general, sospechamos de él simplemente porque nadie lo hace. El arte de contar consiste en convencer, durante un momento, al lector no sólo de que el personaje no ha llegado al lugar del crimen sin intención de delinquir si no de que el autor no lo ha puesto allí con alguna segunda intención. Porque el cuento de detectives no es más que un juego. Y el lector no juega contra el criminal sino contra el autor.

El escritor debe recordar que en este juego el lector no preguntará, como a veces hace en una obra seria o realista: ¿Por qué el agrimensor de gafas verdes trepa al árbol para vigilar el jardín del médico? Sin sentirlo ni dudarlo, se preguntará: ¿Porque el autor hizo que el agrimensor trepase al árbol o cuál es la razón que le hizo presentarnos a un agrimensor?. El lector puede admitir que cualquier ciudad necesita un agrimensor sin reconocer que el cuento pueda necesitarlo. Es necesario justificar su presencia en el cuento (y en el árbol) no sólo sugiriendo que lo envía el Ayuntamiento sino explicando por qué lo envía el autor. Más allá de las faltas que planea cometer en el interior de la historia debe tener alguna otra justificación como personaje de la misma, no como una miserable persona de carne y hueso en la vida real. El lector, mientras juega al escondite con su auténtico rival el autor, tiende a decir: Sí soy consciente de que un agrimensor puede trepar a un árbol, y sé que existen árboles y agrimensores. ¿Pero qué está haciendo con ellos? ¿Por qué hace usted que este agrimensor en concreto trepase a este árbol en particular, hombre astuto y malvado?

Esto nos conduce al cuarto principio que debemos recordar. La gente no lo reconocerá como práctico ya que, como en los otros casos, los pilares en que se apoya lo hacen parecer teórico. Descansa en el hecho que, entre las artes, los asesinatos misteriosos pertenecen a la gran y alegre compañía de las cosas llamadas chistes. La historia es un vuelo de la imaginación. Es conscientemente una ficción ficticia. Podemos decir que es una forma artística muy artificial pero prefiero decir que es claramente un juguete, algo a lo que los niños juegan. De donde se deduce que el lector que es un niño, y por lo tanto muy despierto, es consciente no sólo del juguete, también de su amigo invisible que fabricó el juguete y tramó el engaño. Los niños inocentes son muy inteligentes y algo desconfiados. E insisto en que una de las principales reglas que debe tener en mente el hacedor de cuentos engañosos es que el asesino enmascarado debe tener un derecho artístico a estar en escena y no un simple derecho realista a vivir en el mundo. No debe venir de visita sólo por motivos de negocios, deben ser los negocios de la trama. No se trata de los motivos por los que el personaje viene de visita, se trata de los motivos que tiene el autor para que la visita ocurra. El cuento de misterio ideal es aquel en que es un personaje tal y como el autor habría creado por placer, o por impulsar la historia en otras áreas necesarias y después descubriremos que está presente no por la razón obvia y suficiente sino por la segunda y secreta. Añadiré que por este motivo, a pesar de las burlas hacia los noviazgos estereotipados, hay mucho que decir a favor de la tradición sentimental de estilo más lector o más victoriano. Habrá quien lo llame un aburrimiento pero puede servir para taparle los ojos al lector.

Por último, el principio de que los cuentos de detectives, como cualquier otra forma literaria, empiezan con una idea. Lo que se aplica también a sus facetas más mecánicas y a los detalles. Cuando la historia trata de investigaciones, aunque el detective entre desde fuera el escritor debe empezar desde dentro. Cada buen problema de este tipo empieza con una buena idea, una idea simple. Algún hecho de la vida diaria que el escritor es capaz de recordar y el lector puede olvidar. Pero en cualquier caso la historia debe basarse en una verdad y, por más que se le pueda añadir, no puede ser simplemente una alucinación.

viernes, 23 de mayo de 2008

El arte de escribir. Decálogo (IX)

por Ken Follet.

1. Guión.
Nunca empezar a escribir una historia sin tener una idea preconcebida. Hacer un esquema inicial.

2. Trama.
Lo importante es lo que se va a contar, en qué época y lugar, y después cómo hacerlo.

3. Documentación.
Es fundamental y, casi siempre, la parte más divertida antes de empezar a escribir.

4. Personajes.
Una vez se tiene claro que se quiere contar, se han de buscar los personajes que se adapten a la historia.

5. Mujeres.
Siempre introducir una heroína, un personaje femenino fuerte que llame la atención.

6. Resumen.
Con todo el material preparado redactar un resumen de unas 50 páginas y presentarlo en la editorial.

7. Capítulo Uno.
Si la historia convence, tanto al autor como a la editorial, empieza a escribir el primer capítulo.

8. Borrador.
El primer borrador lo leen solamente la editorial, el agente y personas de confianza.

9. Sugerencias.
La lectura del borrador permite descubrir errores y aceptar sugerencias.

10. Truco.
Para atrapar al lector los personajes han de solucionar un problema tras otro.

miércoles, 16 de abril de 2008

El arte de escribir. Corregir

Una de las cosas más difíciles y a la vez más útiles es autocorregir mientras se escribe ficción.
Los escritores pueden y deben corregir sus errores antes de entregar el manuscrito a un tercero. De esta manera se aseguran de que la página ofrece aquello que realmente se quiere transmitir y no causarán una primera mala impresión. Además, es conveniente tener en cuenta dos cosas: una, esto es labor de edición (no debe realizarse mientras se está en plena escritura pues la corrección está reñida con la creación) y dos, si se descubre que estas sugerencias destruyen la propia voz, se deben adaptar para que funcionen.

Estas correcciones, gramaticales y artísticas, dependen de cada escritor: algunos lo asumen como una rutina diaria y otros prefieren concluir un capítulo entero antes de volver atrás y depurar lo escrito. Sea como sea, sería conveniente tener en cuenta los siguientes puntos:

1. ¿Estoy usando el punto de vista adecuado?
Lo mejor es, si empiezas una escena usando un punto de vista, que finalices la escena con el mismo punto de vista. El punto de vista debe pertenecer o bien al personaje principal o bien al personaje que tiene la visión más interesante de lo que está sucediendo.

2. ¿Finaliza el capítulo animando al lector a continuar leyendo?
Usa el final de cada capítulo para lanzar al lector hacia adelante. Son los enganches.

3. ¿La coreografía de la escena está suficientemente clara como para que el lector entienda como se mueven los personajes en ella?
Si manejas muchos personajes y durante la acción se mueven, te puede ser útil dibujar un diagrama para ilustrar sus movimientos y no hacer que se pisen unos a otros.

4. ¿Los personajes piensan demasiado? ¿Actúan demasiado poco?
Decir lo que piensa un personaje y cómo reacciona es más fácil que describir la acción. Sin embargo es muchísimo más efectivo situar a los personajes en la acción y demostrar sus sentimientos e ideología en relación con el escenario y los otros personajes. Puedes hacerlo a través de la acción y el diálogo.

5. ¿Quedan claros los motivos y las emociones?
Deja siempre muy claro al lector los porqués de tu personaje. Porqué actúa tal y como lo hace y porqué siente lo que siente

6. ¿Es realista el diálogo? ¿Tienen voz propia los personajes?
Ya que el diálogo te ayuda a avanzar la acción es muy fácil embarcarse en un diálogo pregunta-respuesta-pregunta-respuesta. No importa que des mucha información en un diálogo, lo que digas tiene que sonar creíble y natural. Ha de sonar como si dos personas estuvieran conversando. El diálogo jamás debe parecer un interrogatorio... a no ser que realmente lo sea. Ya sabes: con lámparas, esposas y toallas mojadas.

7. ¿Das demasiados atributos al diálogo?
“El dijo” y “Ella contestó” deben usarse sólo para clarificar quien habla. Si gritan o suspiran debe demostrarse a partir de la acción y por lo que dicen. Evita cosas como “Ella replicó enfadada”.

8. ¿Avanza la historia?
¿Has contado lo que debe saberse del personaje en el tiempo necesario o has ofrecido demasiada paja? Recuerda esta máxima: Quita todo lo que sobre.

Y, finalmente, pule la gramática:

1. Confecciona una lista con las palabras que tiendes a escribir con más frecuencia e intenta eliminarlas de tu trabajo sin que pierda significado.
2. Busca los adverbios terminados en –mente. Mientras escribes quieres poner las palabras en la hoja o la pantalla cuanto antes, pero al corregir evita todo lo que retarde la acción. Estos adverbios lo hacen. Intenta cambiar los adverbios que acompañan a un verbo genérico por un verbo de acción más fuerte. Por ejemplo “caminó lentamente” por “deambuló”. No seas Lovecraft... Ya murió.
3. Busca frases con pronombres confusos y arréglalas.
4. Elige un estilo y adhiérete a él. Si a un editor no le gusta algo de tu estilo ya sugerirá cambios. No te preocupes.

martes, 8 de abril de 2008

El arte de escribir. Dodecálogo de un cuentista

por Erskine Caldwell.

I. Contar un cuento es saber guardar un secreto.
II. Los cuentos suceden siempre ahora, aun cuando hablen del pasado. No hay tiempo para más, y ni falta que hace.
III. El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento. O, mejor dicho, su muerte por asfixia.
IV. En las primeras líneas del cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, al contrario de lo que muchos piensan, si es demasiado brillante se olvida fácilmente.
V. Los personajes que se presentan: simplemente actúan.
VI. La atmósfera puede ser lo más memorable de un argumento. La mirada puede ser el personaje principal.
VII. En narrativa, el lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.
VIII. La voz del narrador tiene tal importancia que no debe notarse. Resulta más fácil mentir desde la discreción que desde la exhibición o el ingenio.
IX. Por excepciones que puedan citarse, la frase corta resulta la más natural para un cuento. Corregir: reducir.
X. El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.
XI. En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad cabe en un minuto.
XII. Terminar un cuento es saber callar a tiempo

miércoles, 19 de marzo de 2008

El arte de escribir. Lagunas

Las lagunas del argumento de una historia cerrada son más numerosas de lo que puede parecer. Sobre todo en los escritores emergentes. Y es que el argumento de una novela es una secuencia de acontecimientos, de manera que lo que sucede al final es el resultado de los incidentes precedentes que se han ido sucediendo a lo largo del relato. Con esta definición en mente, podemos establecer los pasos siguientes para evitar las lagunas más grandes.

• Ubicar detalles selectivos.
La exposición normalmente es fatal para la historia. No se tiene que contar todo desde el principio ni añadir tantos detalles que la historia quede enterrada en ellos. Si se ofrecen tantos detalles el lector puede tener una noción tan clara de lo que sucederá que deje de leer o bien se puede sentir tan abrumado por los detalles que tampoco vea clara la idea principal y, de igual manera, abandone el libro.
La técnica estriba en colocar pequeños detalles a lo largo del manuscrito.
En la mayoría de los textos encontraremos informaciones irrelevantes. Como escritor, se puede decidir cuando tres pistas pueden resumirse en una. Y lo que es más importante, se deben integrar estos pequeños detalles en la historia. La clave está en incluir estos pequeños detalles entre otros, sin darles tanta importancia como para que marque un camino claro, pero para que luego el lector pueda decir “No me han engañado”.

• Establecer la credibilidad.
La mejor manera de contar una mentira es variar sólo pequeños elementos de la verdad. Aunque se esté escribiendo fantasía, es importante que se establezcan explicaciones plausibles. La ficción depende sobretodo de que se ofrezca tanta credibilidad como el género demande (por ejemplo, los cómics no demandan tanta credibilidad como un libro de ficción serio).
La credibilidad también se obtiene mediante la verosimilitud, ofreciendo pequeños detalles en los que, sin importar lo peregrino del argumente, éste sea creíble.
En el siglo XIX los escritores empleaban gran cantidad de detalles para convencer a sus lectores de que su mundo era real. Actualmente, con un par de detalles bien escogidos es suficiente para establecer un argumento creíble.

• Relacionar los acontecimientos con las motivaciones de los personajes.
Si se le pide a un niño que describa el camino desde su casa hasta el colegio puede decir algo así como “Primero salimos de casa, vamos a la parada de autobús, pasamos por encima del río, nos bajamos del autobús y llegamos al colegio”. Su explicación suele ser una narración cronológica que encadena una serie de acontecimientos que no tienen ninguna relación si exceptuamos la del paso del tiempo. Un argumento efectivo, en cambio, relaciona los acontecimientos con la causalidad, de manera que cada uno es el resultado inevitable del anterior.
Un método poderoso para conseguirlo es partir de las motivaciones de los personajes principales de una historia. Es conveniente preguntar cual es el objetivo principal del personaje. Mientras el lector busque la manera de que el personaje consiga obtener sus objetivos, el escritor, como planeador del argumento, debe oponer cada vez mayores obstáculos a sus logros. Un héroe con una motivación fuerte siempre ofrecerá más causalidad al argumento.

• Evitar los finales milagrosos.
Al final de los dramas griegos, solía bajar una deidad al escenario mediante una técnica llamada Deus ex Machina para solucionar lo que parecía demasiado complicado para la lógica humana. Actualmente este tipo de finales hacen que el lector se sienta totalmente decepcionado.
Anton Chejov dijo una vez que nunca se debe incluir una pistola en una historia a no ser que ésta deba ser disparada. La ley inversa también funciona. Si una pistola es disparada debe de haber aparecido antes.
Para decirlo claramente, los escritores deben poner suficiente información en sus manuscritos como para que, al llegar al final, éste sea lógico y coherente.

sábado, 23 de febrero de 2008

El arte de escribir. Herramientas

Vamos a ver una serie de herramientas imprescindibles que el escritor ha de tener sobre la mesa de trabajo. Escogeremos unas u otras dependiendo del momento del proceso de creación, pero siempre las hemos de tener desplegadas, preparadas para su uso inmediato. Y, si alguna vez surge el bloqueo, habrá que volver sobre ellas, verificar qué pieza se ha atascado, limpiarla o cambiarla por otra nuevecita... y volver a empezar.

Herramientas técnicas.
- Recursos narrativos: a lo largo de las próximas lecciones iremos viendo muchos de estos recursos, como el punto de vista del narrador, el personaje, el diálogo, etcétera. Es fundamental que el escritor los maneje con soltura, pues son los elementos que le permitirán dar forma -la más precisa y adecuada- a sus historias. Un punto de vista equivocado puede dar al traste con el mejor argumento y la omisión de un diálogo empobrecerá la escena más colorida.
No obstante, no hay que obsesionarse con las técnicas narrativas. Cuando uno empieza a conocerlas, se sorprende al descubrir un cúmulo de engranajes y cuadros de mando donde antes sólo veía palabras e historias que le aburrían o le divertían, que le enseñaban o le entretenían. No se puede estar pensando en las herramientas narrativas mientras uno escribe, porque el proceso de la escritura requiere otra parte del cerebro: la creativa, la loca, la que es capaz de propiciar la asociación libre de ideas y un ritmo fluido. Pero estudiar este tipo de técnicas (la mayoría de las cuales se suelen aplicar, por otra parte, de modo intuitivo) servirá, por un lado, para que su asimilación sea más rápida. Pero, sobre todo, habréis de acudir a ellas en el proceso de revisión. En ese momento nuestro cerebro analítico y racional ha de estar funcionando a todo gas, y será entonces cuando podamos aplicar este u otro recurso a las partes más flojas, y decidir si las técnicas usadas en cada momento son las que dan el mejor resultado.

- Recursos estilísticos: recursos estilísticos serían la empatía, el tono, la naturalidad, etc. No hay que andar pensando en estas herramientas mientras escribimos, pero deben permanecer desplegadas junto al papel, para usarlas en el momento de la corrección.
El modo en que usamos el lenguaje, la elección de un adjetivo u otro, el ritmo del discurso, la calidez y la sonoridad de las palabras son elementos que marcarán de forma decisiva la historia que contemos.

Herramientas temáticas.
En estos próximos artículos veremos las herramientas temáticas dentro de los utensilios del escritor.
Aunque se suele decir que temas hay miles, la realidad es que las posibilidades son bastante limitadas. Las herramientas temáticas que hemos de tener desplegadas a la hora de contar una historia se reducen, de hecho, a dos: el mundo exterior y el mundo interior.
Búsqueda exterior; búsqueda interior. Observaremos en la vida diaria a las personas que nos rodean, reteniendo e interpretando sus actos, adivinando sentimientos, deduciendo inclinaciones... Atenderemos también, volviendo los ojos hacia nuestro interior, a todo lo que hemos vivido, amado, resucitaremos caras ya olvidadas, el roce del sol en la primavera del 82, la tienda de chucherías frente a la que tanto pataleamos por una gominola de fresa...
No hemos de olvidar, sin embargo, que lo que pretendemos es contar historias, así que la observación ha de ser selectiva, y no una búsqueda ciega e inabarcable. Debemos escoger sólo aquello que sirva a nuestras narraciones.
Tanto lo que observemos en el mundo como lo que encontremos en el baúl de nuestra memoria, hay que cribarlo con mentalidad artística. No vale la pena plasmarlo tal cual. Hemos de recrearlo, revivirlo y transformarlo, construir con todo ello algo nuevo.

Herramientas físicas.
Por último, y para terminar de abarrotar nuestra mesa de trabajo, no hay que olvidar esos objetos y situaciones que propiciarán nuestra escritura y nos ayudarán a desarrollarla. A saber:

- Un espacio de trabajo silencioso y, a ser posible, solitario. Si nuestro marido o nuestros hijos andan mirando cada cinco minutos por encima de nuestro hombro, difícilmente podremos desinhibirnos lo suficiente para escribir buena literatura.
- Una serie de diccionarios prestos a consultarse ante cualquier duda. Aquellos que serán de especial utilidad al escritor son: un diccionario ideológico, un diccionario de sinónimos y antónimos, un buen diccionario de uso y el de la RAE.
- Material diverso de consulta. La documentación para un relato o novela puede salir de los más variados lugares. Nunca viene mal al escritor guardar todos aquellos papelitos, periódicos, recortes, diarios, libretas... que le llamen la atención o haya ido escribiendo.
- Internet. Otra herramienta tremendamente útil para quien escribe es Internet. Por medio de los buscadores se puede acceder desde a la expresión correcta de un nombre extranjero hasta a información sobre casi cualquier tema; desde a la solución de dudas lingüísticas hasta a citas o distintos registros del lenguaje.

En fin, aunque se supone que uno puede escribir en cualquier situación, sólo con disponer de un bolígrafo y un papel, la realidad es que el proceso de creación -si se desea que el producto final sea bueno- precisa la utilización de una serie de herramientas que apoyarán al talento, los conocimientos, la imaginación y la inteligencia del escritor.

jueves, 31 de enero de 2008

El arte de escribir. Decálogo (VIII)

por Stephen Vizinczey.

1. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás.
Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes.

2. No tendrás costumbres caras.
Un escritor nace del talento y del tiempo.... Tiempo para observar, estudiar y pensar y no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas que no son esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir sin demasiados bienes terrenales.
Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No hay que atormentarse con ambiciones contradictorias.

3. Soñarás y escribirás; soñarás y volverás a escribir.
No dejes a nadie decirte que estás perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario.

4. No serás vanidoso.
Si crees ser sabio, racional, bueno, una bendición para el sexo opuesto, una víctima de las circunstancias... es porque no te conoces a tí mismo lo suficiente para escribir.

5. No serás modesto.
La modestia es una chapuza para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande.

6. Pensarás sin cesar en los que son verdaderamente grandes.
"Las obras del genio están regadas con sus lágrimas", escribió Balzac en Ilusiones Perdidas. Rechazo, mofa, pobreza, fracaso, una lucha constante contra las propias limitaciones... tales son los principales sucesos de las vidas de la mayoría de los grandes artistas, y si aspiras a conseguir su destino debes fortalecerte aprendiendo de ellos.

7. No dejarás pasar un día sin releer algo grande.
No se debe cometer el error de leerlo todo para estar "bien informado". Estar "bien informado" sirve para brillar en las fiestas, pero resulta absolutamente inútil para un escritor. Leer sobre un libro para poder charlar de él no es lo mismo que comprenderlo. Es mucho más útil leer una y otra vez unas cuantas novelas hasta comprender porqué son buenas y cómo las han construido los escritores. Hay que leer una novela unas cinco veces para comprender su estructura, qué la hace dramática y qué le presta ritmo e impulso...

8. No adorarás Londres-Nueva York-París.
Si posees una buena colección de obras de grandes escritores y no dejas de releerlos, tienes acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que marcan el tono en las grandes ciudades. No hay que perder el tiempo preocupándose por lo que está de moda, el tema idóneo, el estilo idóneo o qué clase de cosas ganan los premios. Cualquier persona que ha tenido éxito en la literatura lo ha conseguido en sus propios términos.

9. Escribirás para tu propio placer.
Hace un par de años leí en los periódicos americanos las críticas más duras a una obra de Shakespeare ("Medida por medida")... críticas a la obra en sí, no a la representación. si Shakespeare no puede complacer a todo el mundo, ¿Porqué intentarlo siquiera nosotros? Esto significa que no vale la pena que te esfuerces por interesarte por algo que te resulta aburrido.
Ahora escribo sólo sobre aquello que me interesa. No busco temas: cualquier cosa en la que no puedo parar de pensar es mi tema.
Si te ves a tí mismo, a tu "yo" verdadero, tienes la posibilidad de escribir un libro que agrade a millones. Porque, quien quiera que seas, hay en el mundo millones de personas más o menos parecidas a tí.
Nadie quiere leer a un novelista que no piensa realmente lo que escribe.

10. Serás difícil de complacer.
La mayoría de los libros nuevos que leo se me antojan a medio terminar. Parece que el escritor se contentó con hacer su trabajo más o menos bien y luego pasó a algo nuevo.
Para mí, escribir empieza a ser emocionante de verdad cuando vuelvo a un capítulo un par de meses después de haberlo escrito. En esa fase lo miro más como lector que como autor y, por muchas veces que hubiera reescrito el capítulo, todavía encuentro frases vagas, adjetivos inexactos o superfluos.