Puerto Losire es una ciudad abierta, centro de atracción y confluencia de una heterogénea muchedumbre de hombres, mercancías y negocios, puerto y puerta del Norte. Pero toda ciudad que quiera mantener su seguridad y su integridad a salvo, por muy abierta que sea, debe protegerse de las amenazas exteriores.
Las murallas la guardan celosamente del exterior, y por encima de ellas se divisan las espadañas y las cientos de torres de los palacios y los templos, entre los que destaca la torre de la Ciudadela. Es, por antonomasia, la Ciudadela y ninguna torre de ninguna ciudad la iguala en altura, belleza y equilibrio.
Las campanas de las dos torres que flanquean el puerto repican a fiesta por el regreso de los barcos y galeones de la ciudad después de misiones de guerra, doblan a duelo por la muerte de un gobernador o alguna personalidad importante, anuncian nacimientos y victorias militares, llaman a socorro contra el fuego y dan la alarma si los corsarios amenazan las costas cercanas. Todos los vecinos, desde casi cualquier rincón de la ciudad, escuchan e interpretan sus sonidos y repiques.
Desde lo más alto de la Ciudadela se contempla también la trama urbana de la ciudad. El trazado irregular, sinuoso y estrecho de las calles de alguno de sus barrios contrasta con las manzanas anchas y las calles regulares del barrio de los Templos. En ambas tramas las calles están jerarquizadas; unas formaban el corazón comercial y social, muy concurridas, pensadas para negociar, conversar, detenerse y convivir, mientras que otras son sólo de paso, de calma y silencio,... aunque andar por ellas es incómodo, difícil e inseguro. Muchas están mal pavimentadas y aunque algunas se empedran, se deterioran por la circulación de carros y animales. Y por la mala higiene.
Desde la cima de la Ciudadela se domina también la redondez aparente del perímetro urbano, dibujado por la muralla que guarda los barrios más pudientes y desanima a los ejércitos extranjeros. Mejor cercada que cualquier otra ciudad del mundo conocido, su muralla, un cinturón de seis kilómetros de longitud con cien torres y una docena de puertas con sus nombres, es alta, soberbia, ancha y fuerte. La altura difiere un tanto de unos tramos a otros aunque guarda una gran homogeneidad, y en algunos puntos alcanza una altura superior a los diez metros y un espesor de más de cuatro.
Cada recodo del recinto está repleto de historias semilegendarias que le dan vida y personalidad.
Desde siempre, una de las principales prioridades de toda criatura ha sido proteger su morada de los peligros que la amenazan. La mayoría de urbes han planteado desde su fundación algún tipo de protección para resistir los asaltos de los forasteros: fosos, empalizadas, muros y murallas, cada vez más altas y robustas. Son defensas añadidas por las poblaciones a su posición natural, en lo alto de una colina o en el meandro de un río, en la utópica tentativa de erigir algo de verdad inquebrantable e inexpugnable.
Las murallas resultan casi circunstanciales a la mayoría de los pueblos y aldeas de los Reinos Brillantes, tanto si se encuentran en el llano como en lugares altos o elevados, aunque en las ciudades más importantes son esenciales, consustanciales y parte de su propia estructura urbana. La técnica de construcción de estas murallas varía considerablemente, pero siempre dentro de unos parámetros más o menos uniformes. Y es que las murallas son a la vez sinónimo de fuerza y debilidad. Cuando una ciudad está en la cima de su esplendor no suele necesitar amurallar su perímetro y la fuerza de sus ejércitos suele bastar para mantenerla a salvo. Sin embargo, cuando los enemigos se multiplican y sus fuerzas crecen los habitantes de la ciudad confían más en la habilidad de sus albañiles que en sus caudillos militares. Sin embargo, el simple hecho de disponer de colosales paredes defensivas no garantiza el sosiego de sus moradores a los que protege si no viene apoyada por un ejército que la patrulle y que la defienda. La guerra ha evolucionado lo suficiente en los Reinos Brillantes como para que ninguna muralla sea lo suficientemente sólida, alta y gruesa como para resistir a los embates de los asedios y los artilugios mecánicos que los ingenieros militares han ideado para hacerlas caer. O a la pólvora, mágica mezcla que los alquimistas han obtenido recientemente y que ha cambiado sustancialmente el futuro del arte de la guerra. Efectivamente, al empezar a extenderse el uso de la pólvora los cercos se han revelado menos eficaces y ya no es toda una hazaña arrasar una muralla bien vigilada pese a disponer de arietes, catapultas o torres de asedio.
Los muros más frecuentes en las murallas son los de mampostería de piedra, construidos con piedras o sillares más o menos regulares, que conforman dos paramentos, uno exterior, formado por piedras de mayores dimensiones, puesto que es el que debe soportar el ataque directo de los enemigos, y otro interior, construido por lo general con piedras más pequeñas, aunque en ocasiones pueden tener las mismas dimensiones que las del exterior, con el espacio intermedio, de anchura variable, relleno de tierra y piedra. Cuando las piedras que conforman ambos paramentos no son muy regulares, se suelen incluir entre ellas otras más pequeñas, a manera de cuñas, que las calzan y dan mayor solidez a todo el conjunto.
Pero estos paramentos pueden ser también, no obstante, de otros tipos. Los principales son dos: los ciclópeos y los poligonales. Frente a la solidez y el primitivismo de los muros ciclópeos, se alza el perfeccionismo detallista de los poligonales, y la monótona repetición de los paramentos de mampuestos más o menos regulares.
Los primeros, de aspecto rústico y primitivo, están compuestos por grandes piedras sin trabajar, o tan sólo ligeramente desbastadas, que en ocasiones pueden ser de enormes dimensiones.
La característica principal del segundo es que los sillares presentan entrantes y salientes que los hacen trabar fuertemente entre sí, de manera que cada sillar resulta adecuado exclusivamente para el lugar que ocupa y para su relación con los adyacentes, todo lo cual debía contribuir considerablemente a reforzar la solidez de la muralla. Este tipo de construcción ha sido muy utilizado, tanto para muros defensivos como de aterrazamiento y contención, ya que lo sólido de su trabazón le permite soportar fuertes cargas y empujes.
Tipos de muralla.
- Muralla diafragma: Es un intento de compartimentar una fortificación por medio de aislar uno de los elementos decisivos como la torre del homenaje del resto de la fortificación a través de una muralla interior con adarve. Con ello se aumentaba la capacidad de resistencia de la fortaleza en caso de ser invadida.
- Muralla en zigzag: También llamadas murallas de dientes de sierra o en cremallera, son murallas dispuestas en zigzag con el objetivo de conseguir el flanqueo sin necesidad de torres.
- Muralla escudo: Lienzo de muralla potente y alto que se coloca delante de la entrada a un recinto fortificado mucho más débil al que protege.
- Muralla engrosada: Aquella muralla que se ha visto reforzada aumentando su grosor ya sea desde un paramento u otro por causas de desplome, de agresión manifiesta o para corregir un defecto en su construcción.
- Coracha: Muralla perpendicular al recinto, recta o en zig zag, que acaba en una torre y cubre un punto esencial para la defensa o el aprovisionamiento.
- Falsabraga: Muralla más baja que la principal y que se levanta frente a ella.
Partes de la muralla.
Las murallas convencionales presentan un cuerpo principal con una base, un tronco y una coronación, y en ocasiones también una excavación profunda que la rodea siguiendo su perímetro llamada foso o cava. Suelen adaptarse a las curvas de nivel del terreno en el que se asientan, aunque cuando es necesario pueden llegar a salvar grandes desniveles.
La base, siempre sólida y firme para asegurar la estabilidad de la muralla en su encuentro con el suelo, debe ser resistente a los embates de las fuerzas agresoras y de cimientos fuertes que no cedan a incursiones subterráneas o en mina. En ocasiones la base puede presentar una desviación de la vertical de la cara frontal en forma de talud en la zona baja de la muralla, llamada alambor, para reforzarla, mantener a distancia a las máquinas de asalto, provocar el rebote de los proyectiles y reducir los ángulos muertos.
El tronco de la muralla puede ser macizo y sólido o practicable. En este segundo caso puede incorporar una galería interna provista de posiciones de tiro hacia el exterior mediante saeteras llamada cortina de circunvalación. Y este estrecho pasadizo, a su vez, puede estar protegido por trampas como la haha, un pequeño foso que corta inesperadamente el pasadizo y que habitualmente está cubierto por tablones, que se retiran todos o en parte cuando las circunstancias lo aconsejan.
La coronación de la muralla suele estar compuesta por un parapeto, un paradós y un camino de ronda o adarve, normalmente al descubierto, y destinado a facilitar la defensa y el desplazamiento de los combatientes. Este ancho paso de ronda está protegido por almenas, cada una de las piedras rectangulares que, a modo de dientes, rematan los muros de una fortaleza y que con los merlones, los huecos entre almena y almena, forman la coronación de la muralla.
A lo largo de la muralla se disponen varias torres, definiendo un ritmo particular de lienzos y torres de todo tipo: albacaras (recinto amurallado con la misión de resguardar ganados, población del entorno y tropas en tránsito, en ocasiones contiguo a la fortificación y con accesos a ella a través de la liza), baluartes (fortificación de figura pentagonal que sobresale del muro exterior al objeto de permitir a la guarnición disponer de ángulos de tiro que cubran todos los puntos por los que pueda atacar el enemigo), barbacanas (construcción adelantada para proteger una puerta o el acceso a un puente y, en general, galería saliente en la parte superior de la muralla), garitas (torrecilla con ventanas largas y estrechas, que se coloca en puntos salientes de las fortificaciones para abrigo y defensa de los centinelas),... Las mismas torres sirven de plataforma para los arqueros, ballesteros u honderos, pero no debemos ignorar que cuantas más torres para ocupar en la defensa total del perímetro de la ciudad y una mayor extensión de formidables murallas también supone un enorme problema para las tropas que protegen la ciudad, ya que cubrirlas con la suficiente cantidad de gente y con suficientes proyectiles para arrojar sería una de las mayores preocupaciones de los caudillos de las fuerzas defensivas.
El foso es una zanja profunda construida alrededor del castillo para dificultar su acceso. Se puede llenar de agua, y ofrece cierta seguridad ante las agresiones, pues es un peligro para los atacantes tanto si está lleno como si está vacío y los ejércitos agresores deben primero secar las zanjas y luego rellenar parte de ellas para poder acceder con sus torres de asalto y con sus escaleras. Y la única manera de cruzar esta fosa solía ser el puente levadizo de las puertas, unas estructuras de madera móviles que podían ser levantadas o bajadas a conveniencia de los responsables de la muralla mediante un conjunto de cadenas y poleas. El espacio más o menos ancho que uno encuentra nada más atravesar el puente levadizo, a derecha e izquierda, entre la muralla que rodea el castillo y el edificio se conoce como liza.
Toda muralla suele tener uno o varios accesos en forma de puertas, aunque no acostumbran puntos débiles de la fortificación puesto que se cierran con el peine o rastrillo, una verja de hierro de movimiento vertical que defiende la entrada de un castillo y que cuando los travesaños verticales descienden sin traba horizontal, independientemente, para evitar que un obstáculo puntual impida la bajada del conjunto del peine se conoce como órgano. Por encima, como protección, se abren las buhedera, una abertura practicada en el techo de una entrada por la que se arrojaba agua, aceite o proyectiles.
Para cruzar las murallas, y además de las puertas, también hay poternas, puertas falsas o disimuladas que permiten acceder al interior del recinto en situaciones de asedio o de discreción. Y puertas secretas o pasadizos convenientemente camuflados abiertos, en ocasiones, por delincuentes, contrabandistas o mercaderes avispados. En realidad una muralla no es nunca la garantía de un cierre estanco.
Y si la muralla es especialmente importante para la configuración de la imagen de la ciudad desde el exterior, no ocurre lo mismo desde el interior, ya que aquí con frecuencia queda total o parcialmente oculta por una serie de casas que se le adosan, y que al tiempo que utilizan su cara interior como pared posterior le sirven de refuerzo y, posiblemente, también como parte del camino de ronda.
Construcción de murallas.
Cuando se hayan elegido terrenos fértiles para la alimentación de la ciudad, cuando se logre un transporte fácil hacia las murallas bien mediante caminos protegidos, o bien por la situación ventajosa de los ríos, o bien por puertos de transporte marítimo, entonces deben excavarse los cimientos de las torres y murallas, de modo que se ahonde en tierra firme, si se puede encontrar, y con una profundidad que guarde relación con la magnitud de la construcción, siempre de un modo razonable; su grosor será más ancho que el de las paredes que se vayan a levantar sobre tierra y la cavidad que quede se rellenara con un compuesto lo más sólido y consistente posible. Igualmente, las torres deben elevarse por encima de los muros, con el fin de que desde las torres, a derecha y a izquierda, los enemigos puedan ser heridos desde ambos lados con armas arrojadizas, cuando intenten acercarse violentamente a la muralla. Sobre todo, debe ponerse la máxima precaución en que el acceso para asaltar el muro sea difícil; se ha de pensar la manera de rodear el perímetro con precipicios de forma que los corredores hacia los portalones no sean directos, sino orientados hacia la izquierda. Si se realizan de este modo, el lado derecho de quienes se acerquen, al no estar protegido por el escudo, quedará al descubierto. Las fortalezas no deben tener forma rectangular, ni tampoco ángulos salientes, sino que su forma será circular, con el fin de observar al enemigo desde distintos puntos. Las torres construidas con ángulos salientes son difíciles de defender, pues tales ángulos protegen más y mejor al enemigo que al habitante de la fortaleza.
El grosor de la muralla debe alcanzar tal anchura que al encontrarse hombres armados, por la parte superior, puedan adelantarse unos a otros sin ninguna dificultad. Así pues, tanto la muralla como los cimientos y - todas las paredes que se vayan a levantar, tendrán la anchura del muro. Las distancias entre las torres deben establecerse teniendo en cuenta que no estén tan alejadas una de otra que no puedan alcanzarse por una flecha, con el fin de que si una torre es atacada, sea posible rechazar a los enemigos desde las otras torres, que quedan a derecha e izquierda, mediante escorpiones u otra clase de armas arrojadizas. Frente a la parte más interior de las torres, deben abrirse en el muro unos espacios a intervalos, que sean equivalentes a la anchura de las torres, de modo que los accesos, entre las partes interiores de las torres, queden enlazados con planchas de madera y no de hierro. Así, si el enemigo se apoderara de alguna parte de la muralla, los defensores cortarán la madera y, si lo hacen rápidamente, impedirán que el enemigo penetre en las otras partes de las torres y de la muralla, salvo que éste decida lanzarse al precipicio.
Las torres de la muralla deben ser redondas o poligonales, pues si son cuadradas las máquinas de guerra las destruyen con toda facilidad, ya que los arietes rompen sus ángulos con sus golpes; pero si son circulares, con piedras en forma de cuña, aunque golpeen su parte central no pueden dañarlas. Las fortificaciones del muro y de las torres resultan mucho más seguras y eficientes si las amplificamos con toda suerte de materiales, de tierra de relleno, pues ni los arietes, ni las minas, ni las máquinas de guerra son capaces de dañarlas. No debe utilizarse tierra de relleno en cualquier lugar, sino únicamente en lugares que estén dominados por algún montículo por el exterior desde donde, con toda facilidad, hubiera acceso para atacar las murallas. En tales lugares deben cavarse unas fosas que tengan la mayor anchura y profundidad posible; posteriormente se excavarán los cimientos de la muralla dentro de la cavidad de la fosa, con una anchura suficiente para soportar sin dificultad toda la presión de la tierra.
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lunes, 23 de febrero de 2009
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Castillos (II). Glosario de términos
A.
Ábside: Cubierta con bóveda y generalmente en forma de medio círculo, que sobresale en la parte de atrás del edificio.
Abaluartado: Sistema de fortificación que emplea los baluartes como sus principales elementos.
Adarve: Conjunto de dispositivos en la parte superior de las murallas, compuesto básicamente de parapeto, paradós y camino de ronda, normalmente al descubierto, y destinado a facilitar la defensa y el desplazamiento de los combatientes. Llamada también "Camino de ronda".
Adarve volado: Pasillo aéreo que comunica dos torres.
Adobe: Masa de barro y paja en forma de ladrillo secado al aire, sin cocción, empleado como material de construcción.
Ajimez: Ventana dividida por una columna en la que se apoyan dos arcos.
Alambor: Desviación de la vertical de la cara frontal de una piedra u otro elemento de construcción. Es el talud exterior en la zona baja de las murallas y torres, para reforzarlas, mantener a distancia a las máquinas de asalto, provocar el rebote de los proyectiles y reducir ángulos muertos.
Alamborado: Castillo construido dentro de un foso, con lo que manteniendo la altura, ofrece un blanco menor para la artillería.
Alamud: Barra de atrancar puertas, de sección cuadrada.
Albacara: Recinto amurallado con la misión de resguardar ganados, población del entorno y tropas en tránsito o no fiables, en ocasiones contiguo a una fortificación de mayor entidad y con accesos a ella a través de la liza.
Albarrada: Muro hecho de piedras superpuestas sin cemento.
Alcazaba: Recinto amurallado, parte de un núcleo urbano mayor al que suele dominar en altura.
Alcázar: Fortaleza dentro de un recinto amuralllado. Alcazaba.
Alfiz: Moldura o elemento decorativo que enmarca el vano de una puerta o ventana.
Aljibe: Construcción subterránea donde se recoge y conserva el agua de lluvia o la que se lleva de algún río o manantial. Cisterna.
Almena: Cada una de las piedras rectangulares que, a modo de dientes, rematan los muros de una fortaleza.
Almenaje: Conjunto de bloques (merlones) y huecos (almenas) que coronan castillos y murallas.
Aproches: Terreno inmediato al perímetro exterior de una fortificación.
Arco: Elemento arquitectónico que reparte el empuje vertical de un muro hacia los laterales, lo que permite abrir espacios.
Arco conopial: Arco en forma invertida.
Arco elíptico: Arco en forma de media elipse.
Arco escarzano: De medio punto rebajado.
Arco fajón: El que ciñe la bóveda de tramo en tramo.
Arco de medio punto: En forma de media circunferencia.
Arco túmido: En forma de herradura apuntado.
Argamasa: Mezcla de cal, arena y agua que se emplea en las obras de albañilería.
Arquitrabado: Vano con el cierre superior horizontal.
Artesonado: Techo adornado con madera tallada ( artesones ) de influencia mudéjar.
Aspillera: Pequeño vano estrecho y alargado, que al interior tiene las paredes en derrame, es decir sesgadas.
Atalaya: Torre de vigilancia.
B.
Baluarte: Obra de fortificación de figura pentagonal que sobresale del muro exterior al objeto de permitir a la guarnición disponer de ángulos de tiro que cubran todos los puntos por los que pueda atacar el enemigo.
Barbacana: Construcción adelantada para proteger una puerta o el acceso a un puente y, en general, galería saliente en la parte superior de un muro o torre.
Bóveda de cañón: Obra de fábrica, de superficie cilíndrica, que sirve para cubrir el espacio comprendido entre dos muros o pilares.
Buhedera: Abertura practicada en el techo de una entrada por la que se arrojaba agua, aceite, proyectiles, etc...
C.
Cadalso: Fortificación o defensa hecha de madera.
Camino de ronda: Adarve. Parte superior de una muralla por la que se puede pasar.
Camisa: Muro o refuerzo bajo que rodea totalmente o en gran parte la torre del homenaje.
Cantero: Persona que labra las piedras.
Cañonera: Abertura en el lienzo de la muralla para disparar cañones.
Castro: Antigua fortificación celtíbera.
Catastro: Censo estadístico de la propìedad territorial urbana y rústica.
Cava: Excavación profunda que rodea un castillo o fortaleza. Foso.
Cisterna: Depósito, generalmente subterráneo, en donde se recoge el agua de lluvia o de un río o manantial. Aljibe.
Condado: Territorio o lugar bajo la jurisdición de un conde.
Coracha: Muralla perpendicular al recinto, recta o en zig zag, que acaba en una torre y cubre un punto esencial para la defensa o el aprovisionamiento.
Condestable: En la Edad media, persona que ejercía en nombre del rey la primera autoridad en la milicia.
Contraescarpa: Pared en talud del foso enfrente de la escarpa.
Coracha: Muralla que partiendo del recinto fortificado permite el acceso protegido a un punto no muy lejano, normalmente para procurar la aguada, y con adarve de doble antepecho cuando puede ser hostigada por ambas caras.
Cortina: Lienzo.
Cortina de circunvalación: Galería interna provista de posiciones de tiro hacia el exterior.
Crestería cuadrilobulada: Conjunto de almenas o parte superior de las antiguas fortificaciones.
Crujía: Espacio comprendido entre dos muros de carga. Corredor largo de un edificio que da acceso a piezas situadas a ambos lados.
Cubo: Torre circular o poligonal que se alterna con los lienzos de la muralla o castillo. Torreón.
Chapitel: Remate de una torre, generalmente cónico.
D.
Dominio: Otro termino para designar la tierra propiedad de un señor feudal.
Donjon: Torre del homenaje en algunos castillos.
Dovela: Cada una de las piezas talladas en forma de cuña que forman un arco o una bóveda.
E.
Esbirro: Persona que sirve a quien le paga para ejercer violencias o desafueros.
Escaraguaita: Torrecilla que se coloca en las esquinas de las torres y a veces también en un punto intermedio de los lienzos, cuya misión es la defensa y la decoración.
Escarpa: Pared inclinada del foso en el lado de la muralla.
F.
Facho: Atalaya, o torre de vigilancia costera, que se ubica en una localización topográfica adecuada para transmitir señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio.
Falsabraga: Muralla más baja que la principal y que se levanta frente a ella.
Fábrica: Edificio, construcción, edificación.
Feudalismo: Sistema de organización política, económica y social propia de la Edad Media, basada en una serie de lazos y dependencias que vinculaban a señores y vasallos.
Flanqueo: Elemento de la seguridad de una tropa cuya misión es evitar las acciones por sorpresa sobre los flancos ( laterales ) de las columnas en marcha.
Foso: Zanja profunda construida alrededor del castillo para dificultar su acceso. Se podía llenar de agua y sólo se salvaba a través del puente levadizo.
Friso: Elemento arquitectónico en forma de franja decorada, situado entre el arquitrabe y la cornisa.
G.
Galería: Balcón interior que domina el gran salón en un castillo.
Galga: Grandes piedras que utilizaban los defensores de una fortaleza para arrojarselas a los atacantes.
Garita: Torrecilla con ventanas largas y estrechas, que se coloca en puntos salientes de las fortificaciones para abrigo y defensa de los centinelas.
H.
Hachón: Brasero alto colocado en los muros, donde se quemaba incienso u otras sustancias, en grandes celebraciones o banquetes.
Haha: Pequeño foso que corta inesperadamente un pasadizo, de cuyo interior y mal iluminado, y que habitualmente está cubierto por tablones, que se retiran todos o en parte cuando las circunstancias lo aconsejan.
J.
Jamba: Lateral de una puerta o ventana.
L.
Ladronera: Construcción cubierta saliente en torres o lienzos, soportada por varios canes o repisas entre los que quedan huecos.
Lienzo: Porción de muralla entre dos torres de flanqueo.
Liza: El espacio más o menos ancho que uno encuentra nada más atravesar el puente levadizo, a derecha e izquierda, entre la muralla que rodea el castillo y el edificio.
Lonja: Edificios para el comercio, mercados especiales de un solo tipo de producto.
M.
Mampostería: Construcción de piedras dispuestas de modo irregular.
Matacán: Parapeto en saledizo en los lienzos de un castillo, sostenido por ménsulas.
Mazmorra: Cárcel o prisión subterránea.
Mayorazgo: Conjunto de bienes de una familia pertenecientes al primogénito.
Mechinal: Agujero para colocar el palo horizontal del andamio, y, en general, hueco donde apoyan las vigas.
Ménsula: Elemento de construcción que se coloca en la parte inferior de un saliente del edificio para sostenerlo.
Merlón: Parte del muro elevado entre dos almenas.
Modillón: Elemento con que se adorna y sustenta un saliente por su parte inferior.
Mota: Colina de tierra sobre la que se levanta un castillo.
Mudéjar: Estilo arquitectónico, con influencias árabes que floreció en la Península Ibérica entre los siglos XIII al XV.
O.
Ochavada: Con ocho ángulos iguales, que tiene cuatro lados alternados iguales y otros cuatro también iguales entre sí.
Órgano: Variedad de rastrillo en la que los travesaños verticales descienden sin traba horizontal, independientemente, para evitar que un obstáculo puntual impida la bajada del conjunto del peine.
Oubliette: Angosta mazmorra con una trampilla en el techo como única abertura; utilizada para los criminales rematados de los cuales, como insinúa el nombre, deseaba olvidarse.
P.
Patín: Escalera o rampa de mampostería, exenta o adosada al muro, para acceder a un acceso elevado.
Patio de armas: Espacio central del castillo en torno al que se distribuyen las estancias principales, así como la entrada.
Peine: Rastrillo.
Peraltada: Que tiene una elevación sobre el ángulo recto.
Pizarra: Roca de color generalmente grisáceo, que se emplea en construcción para techar.
Plaza de armas: Lugar de una fortaleza donde forman las tropas de guardia
Plinto: Cuadrado sobre el que se asienta la base de una columna.
Portada: Ornamento arquitectónico en las fachadas de los edificios suntuosos.
Pósito: Establecimiento que servía para almacenar grano a fin de remediar en determinadas épocas la falta de alimentos, así como para suministrar a los labradores el grano y dinero suficientes para promover las cosechas, fomentar el cultivo y combatir la escasez de alimentos.
Poterna: Puerta falsa o dismulada de una fortaleza. Puerta menor.
Puente levadizo: El puente que hay en los fosos de los castillos y puede levantarse o bajarse a voluntad.
Q.
Qasr: Fortaleza, castillo, alcázar.
R.
Rastrillo: Verja o puerta de hierro móvil que defiende la entrada de un castillo.
Roca: Sinónimo genérico de castillo o de torre-refugio de época temprana en algunas zonas.
S.
Saetera: Ventanilla o pequeño vano estrecho que permite disparar resguardándose.
Sayal: Tela de lana burda.
Señorío: Territorio perteneciente al "señor".
Silo: Lugar convenientemente seco y preperado para guardar grano o semillas.
Sillarejo: Piedra semilabrada de terminación tosca.
Sillería: Obra de bloques de piedra cuidadosamente labrados.
Solar: Las habitaciones privadas de un castillo.
T.
Talud: Inclinación de un terreno o del paramento de un muro.
Tapial: Molde compuesto por dos tablas, en que se hacen las tapias.
Tapia: pared o trozo de pared.
Torre albarrana: La construida fuera del recinto fortificado, a mayor o menor distancia del mismo y con el que suele estar unida por medio de un puente, coracha o mina, asumiendo una función poliorcética particular y distintiva según su ubicación e el dispositivo general de defensa de la posición.
Torre de almenara: Atalaya que, en emplazamiento topográficamente adecuado, percibe y transmite señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio.
Torre de Homenaje: Torre principal y lugar fortificado del castillo, que supone el último reducto en caso de ataque.
Torre de tambor: Una torre construida en la muralla. Normalmente cilíndrica.
Tranca: Palo grueso y fuerte que se pone atravesado detrás de una puerta o ventana cerrada, para mayor seguridad.
Tronera: Abertura practicada en la muralla para disparar.
V.
Villa: Población que tiene algunos privilegios o cierta importancia histórica.Vano: Hueco de puerta, ventana o de otra abertura, en un muro o pared.
Ábside: Cubierta con bóveda y generalmente en forma de medio círculo, que sobresale en la parte de atrás del edificio.
Abaluartado: Sistema de fortificación que emplea los baluartes como sus principales elementos.
Adarve: Conjunto de dispositivos en la parte superior de las murallas, compuesto básicamente de parapeto, paradós y camino de ronda, normalmente al descubierto, y destinado a facilitar la defensa y el desplazamiento de los combatientes. Llamada también "Camino de ronda".
Adarve volado: Pasillo aéreo que comunica dos torres.
Adobe: Masa de barro y paja en forma de ladrillo secado al aire, sin cocción, empleado como material de construcción.
Ajimez: Ventana dividida por una columna en la que se apoyan dos arcos.
Alambor: Desviación de la vertical de la cara frontal de una piedra u otro elemento de construcción. Es el talud exterior en la zona baja de las murallas y torres, para reforzarlas, mantener a distancia a las máquinas de asalto, provocar el rebote de los proyectiles y reducir ángulos muertos.
Alamborado: Castillo construido dentro de un foso, con lo que manteniendo la altura, ofrece un blanco menor para la artillería.
Alamud: Barra de atrancar puertas, de sección cuadrada.
Albacara: Recinto amurallado con la misión de resguardar ganados, población del entorno y tropas en tránsito o no fiables, en ocasiones contiguo a una fortificación de mayor entidad y con accesos a ella a través de la liza.
Albarrada: Muro hecho de piedras superpuestas sin cemento.
Alcazaba: Recinto amurallado, parte de un núcleo urbano mayor al que suele dominar en altura.
Alcázar: Fortaleza dentro de un recinto amuralllado. Alcazaba.
Alfiz: Moldura o elemento decorativo que enmarca el vano de una puerta o ventana.
Aljibe: Construcción subterránea donde se recoge y conserva el agua de lluvia o la que se lleva de algún río o manantial. Cisterna.
Almena: Cada una de las piedras rectangulares que, a modo de dientes, rematan los muros de una fortaleza.
Almenaje: Conjunto de bloques (merlones) y huecos (almenas) que coronan castillos y murallas.
Aproches: Terreno inmediato al perímetro exterior de una fortificación.
Arco: Elemento arquitectónico que reparte el empuje vertical de un muro hacia los laterales, lo que permite abrir espacios.
Arco conopial: Arco en forma invertida.
Arco elíptico: Arco en forma de media elipse.
Arco escarzano: De medio punto rebajado.
Arco fajón: El que ciñe la bóveda de tramo en tramo.
Arco de medio punto: En forma de media circunferencia.
Arco túmido: En forma de herradura apuntado.
Argamasa: Mezcla de cal, arena y agua que se emplea en las obras de albañilería.
Arquitrabado: Vano con el cierre superior horizontal.
Artesonado: Techo adornado con madera tallada ( artesones ) de influencia mudéjar.
Aspillera: Pequeño vano estrecho y alargado, que al interior tiene las paredes en derrame, es decir sesgadas.
Atalaya: Torre de vigilancia.
B.
Baluarte: Obra de fortificación de figura pentagonal que sobresale del muro exterior al objeto de permitir a la guarnición disponer de ángulos de tiro que cubran todos los puntos por los que pueda atacar el enemigo.
Barbacana: Construcción adelantada para proteger una puerta o el acceso a un puente y, en general, galería saliente en la parte superior de un muro o torre.
Bóveda de cañón: Obra de fábrica, de superficie cilíndrica, que sirve para cubrir el espacio comprendido entre dos muros o pilares.
Buhedera: Abertura practicada en el techo de una entrada por la que se arrojaba agua, aceite, proyectiles, etc...
C.
Cadalso: Fortificación o defensa hecha de madera.
Camino de ronda: Adarve. Parte superior de una muralla por la que se puede pasar.
Camisa: Muro o refuerzo bajo que rodea totalmente o en gran parte la torre del homenaje.
Cantero: Persona que labra las piedras.
Cañonera: Abertura en el lienzo de la muralla para disparar cañones.
Castro: Antigua fortificación celtíbera.
Catastro: Censo estadístico de la propìedad territorial urbana y rústica.
Cava: Excavación profunda que rodea un castillo o fortaleza. Foso.
Cisterna: Depósito, generalmente subterráneo, en donde se recoge el agua de lluvia o de un río o manantial. Aljibe.
Condado: Territorio o lugar bajo la jurisdición de un conde.
Coracha: Muralla perpendicular al recinto, recta o en zig zag, que acaba en una torre y cubre un punto esencial para la defensa o el aprovisionamiento.
Condestable: En la Edad media, persona que ejercía en nombre del rey la primera autoridad en la milicia.
Contraescarpa: Pared en talud del foso enfrente de la escarpa.
Coracha: Muralla que partiendo del recinto fortificado permite el acceso protegido a un punto no muy lejano, normalmente para procurar la aguada, y con adarve de doble antepecho cuando puede ser hostigada por ambas caras.
Cortina: Lienzo.
Cortina de circunvalación: Galería interna provista de posiciones de tiro hacia el exterior.
Crestería cuadrilobulada: Conjunto de almenas o parte superior de las antiguas fortificaciones.
Crujía: Espacio comprendido entre dos muros de carga. Corredor largo de un edificio que da acceso a piezas situadas a ambos lados.
Cubo: Torre circular o poligonal que se alterna con los lienzos de la muralla o castillo. Torreón.
Chapitel: Remate de una torre, generalmente cónico.
D.
Dominio: Otro termino para designar la tierra propiedad de un señor feudal.
Donjon: Torre del homenaje en algunos castillos.
Dovela: Cada una de las piezas talladas en forma de cuña que forman un arco o una bóveda.
E.
Esbirro: Persona que sirve a quien le paga para ejercer violencias o desafueros.
Escaraguaita: Torrecilla que se coloca en las esquinas de las torres y a veces también en un punto intermedio de los lienzos, cuya misión es la defensa y la decoración.
Escarpa: Pared inclinada del foso en el lado de la muralla.
F.
Facho: Atalaya, o torre de vigilancia costera, que se ubica en una localización topográfica adecuada para transmitir señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio.
Falsabraga: Muralla más baja que la principal y que se levanta frente a ella.
Fábrica: Edificio, construcción, edificación.
Feudalismo: Sistema de organización política, económica y social propia de la Edad Media, basada en una serie de lazos y dependencias que vinculaban a señores y vasallos.
Flanqueo: Elemento de la seguridad de una tropa cuya misión es evitar las acciones por sorpresa sobre los flancos ( laterales ) de las columnas en marcha.
Foso: Zanja profunda construida alrededor del castillo para dificultar su acceso. Se podía llenar de agua y sólo se salvaba a través del puente levadizo.
Friso: Elemento arquitectónico en forma de franja decorada, situado entre el arquitrabe y la cornisa.
G.
Galería: Balcón interior que domina el gran salón en un castillo.
Galga: Grandes piedras que utilizaban los defensores de una fortaleza para arrojarselas a los atacantes.
Garita: Torrecilla con ventanas largas y estrechas, que se coloca en puntos salientes de las fortificaciones para abrigo y defensa de los centinelas.
H.
Hachón: Brasero alto colocado en los muros, donde se quemaba incienso u otras sustancias, en grandes celebraciones o banquetes.
Haha: Pequeño foso que corta inesperadamente un pasadizo, de cuyo interior y mal iluminado, y que habitualmente está cubierto por tablones, que se retiran todos o en parte cuando las circunstancias lo aconsejan.
J.
Jamba: Lateral de una puerta o ventana.
L.
Ladronera: Construcción cubierta saliente en torres o lienzos, soportada por varios canes o repisas entre los que quedan huecos.
Lienzo: Porción de muralla entre dos torres de flanqueo.
Liza: El espacio más o menos ancho que uno encuentra nada más atravesar el puente levadizo, a derecha e izquierda, entre la muralla que rodea el castillo y el edificio.
Lonja: Edificios para el comercio, mercados especiales de un solo tipo de producto.
M.
Mampostería: Construcción de piedras dispuestas de modo irregular.
Matacán: Parapeto en saledizo en los lienzos de un castillo, sostenido por ménsulas.
Mazmorra: Cárcel o prisión subterránea.
Mayorazgo: Conjunto de bienes de una familia pertenecientes al primogénito.
Mechinal: Agujero para colocar el palo horizontal del andamio, y, en general, hueco donde apoyan las vigas.
Ménsula: Elemento de construcción que se coloca en la parte inferior de un saliente del edificio para sostenerlo.
Merlón: Parte del muro elevado entre dos almenas.
Modillón: Elemento con que se adorna y sustenta un saliente por su parte inferior.
Mota: Colina de tierra sobre la que se levanta un castillo.
Mudéjar: Estilo arquitectónico, con influencias árabes que floreció en la Península Ibérica entre los siglos XIII al XV.
O.
Ochavada: Con ocho ángulos iguales, que tiene cuatro lados alternados iguales y otros cuatro también iguales entre sí.
Órgano: Variedad de rastrillo en la que los travesaños verticales descienden sin traba horizontal, independientemente, para evitar que un obstáculo puntual impida la bajada del conjunto del peine.
Oubliette: Angosta mazmorra con una trampilla en el techo como única abertura; utilizada para los criminales rematados de los cuales, como insinúa el nombre, deseaba olvidarse.
P.
Patín: Escalera o rampa de mampostería, exenta o adosada al muro, para acceder a un acceso elevado.
Patio de armas: Espacio central del castillo en torno al que se distribuyen las estancias principales, así como la entrada.
Peine: Rastrillo.
Peraltada: Que tiene una elevación sobre el ángulo recto.
Pizarra: Roca de color generalmente grisáceo, que se emplea en construcción para techar.
Plaza de armas: Lugar de una fortaleza donde forman las tropas de guardia
Plinto: Cuadrado sobre el que se asienta la base de una columna.
Portada: Ornamento arquitectónico en las fachadas de los edificios suntuosos.
Pósito: Establecimiento que servía para almacenar grano a fin de remediar en determinadas épocas la falta de alimentos, así como para suministrar a los labradores el grano y dinero suficientes para promover las cosechas, fomentar el cultivo y combatir la escasez de alimentos.
Poterna: Puerta falsa o dismulada de una fortaleza. Puerta menor.
Puente levadizo: El puente que hay en los fosos de los castillos y puede levantarse o bajarse a voluntad.
Q.
Qasr: Fortaleza, castillo, alcázar.
R.
Rastrillo: Verja o puerta de hierro móvil que defiende la entrada de un castillo.
Roca: Sinónimo genérico de castillo o de torre-refugio de época temprana en algunas zonas.
S.
Saetera: Ventanilla o pequeño vano estrecho que permite disparar resguardándose.
Sayal: Tela de lana burda.
Señorío: Territorio perteneciente al "señor".
Silo: Lugar convenientemente seco y preperado para guardar grano o semillas.
Sillarejo: Piedra semilabrada de terminación tosca.
Sillería: Obra de bloques de piedra cuidadosamente labrados.
Solar: Las habitaciones privadas de un castillo.
T.
Talud: Inclinación de un terreno o del paramento de un muro.
Tapial: Molde compuesto por dos tablas, en que se hacen las tapias.
Tapia: pared o trozo de pared.
Torre albarrana: La construida fuera del recinto fortificado, a mayor o menor distancia del mismo y con el que suele estar unida por medio de un puente, coracha o mina, asumiendo una función poliorcética particular y distintiva según su ubicación e el dispositivo general de defensa de la posición.
Torre de almenara: Atalaya que, en emplazamiento topográficamente adecuado, percibe y transmite señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio.
Torre de Homenaje: Torre principal y lugar fortificado del castillo, que supone el último reducto en caso de ataque.
Torre de tambor: Una torre construida en la muralla. Normalmente cilíndrica.
Tranca: Palo grueso y fuerte que se pone atravesado detrás de una puerta o ventana cerrada, para mayor seguridad.
Tronera: Abertura practicada en la muralla para disparar.
V.
Villa: Población que tiene algunos privilegios o cierta importancia histórica.Vano: Hueco de puerta, ventana o de otra abertura, en un muro o pared.
domingo, 28 de enero de 2007
Castillos (I)
Un castillo es mucho más que un edificio rodeado de murallas de piedra o de una empalizada de madera. Es más que un cuartel general para los caballeros y sus ejércitos durante la guerra o un almacén de productos en las tierras salvajes. Un castillo es construido por un señor y su familia, como un elemento central del paisaje campestre, y como un bastión defensivo para los campesinos y granjeros locales en caso de guerra o invasión. Es el centro neurálgico de civilización sobre todas las tierras colindantes.
Un castillo es también algo más que las torres y murallas de piedra que se alzan sobre una pinturesca colina o en lo alto de un macizo rocoso. Un castillo debe proteger las tierras trabajadas por los campesinos locales y que alimentan al señor del castillo, a sus sirvientes, y a sus artesanos privados, y los bosques donde ciervos, zorros, osos y otros animales salvajes crían y se cazan.
Además de tener que proteger los campos con fértiles cosechas y bosques llenos de árboles y arbustos, un castillo sirve también como lugar de reunión de artesanos muy valiosos como herreros, panaderos y carpinteros. Cuando un castillo crece y aumenta de tamaño, puede aparecer una villa, pueblo o ciudad en sus cercanías, atrayendo a artesanos más especializados como alquimistas, banqueros y cartógrafos.
Un castillo sirve como centro del gobierno local y como base de la administración judicial. Es más que probable que un castillo tenga también una prisión o un calabozo, una estacada para ofensores menores, y la guillotina o el emparedamiento para los asesinos, salteadores y otros graves ofensores de la ley.
El castillo tendrá al menos una capilla para que la empleen las pequeñas aldeas o pueblos sin monasterio o templo para las ceremonias religiosas y fiestas. Un castillo puede también actuar como una escuela para la alta burguesía local, permitiendo que sus hijos aprendan a leer y a escribir. Otros, unos pocos elegidos, irán allí esperando aprender los códigos y los votos que les servirán en su camino hacia la caballería.
En resumen, el castillo es el nexo de unión de todo el comercio y todas las actividades que se desarrollen en las tierras cotroladas por un señor o por el rey.
Evolución de los tipos de Castillos.
Hay tres diseños humanos básicos de castillos, que incluyen la plaza y recinto, las defensas amuralladas y el castillo concéntrico. El estilo de ambientación determinará exactamente qué tipo de castillo y qué parámetros podrá usar en la construcción del castillo.
Hay varias fases o niveles de tecnología en la construcción de fortalezas y castillos:
• Plaza y recinto ("Motte Bailey").
Este diseño consiste en un gran motículo de tierra o una colina natural ("motte") con una torre de madera en lo alto rodeada por una empalizada y un foso. En muchos casos este conjunto estaba rodeado por otras edificaciones ("bailey") usadas como alojamientos para invitados o para otros miembros de la familia (el hijo mayor, la madre, el hermano), barracones de los sirvientes, de las tropas, puestos de guardia, establos, rediles de animales y almacenes. Todo ello estaba a su vez rodeado por otra empalizada y otro foso. Esta segunda empalizada a menudo conectaba con la primera. La entrada al recinto se realizaba a través de un puente elevadizo y un portalón, que consistía normalmente en dos torres robustas flanqueando el puente elevadizo con tornos que controlaban la bajada y subida del puente, de madera o en parte de matal.
Este diseño básico defensivo provó ser suficientemente fuerte pero tiene dos importantes defectos: el primero está en su serie de obstáculos (las empalizadas y los fosos), que no se pueden ayudar entre sí y permite que los atacantes concentren sus fuerzas contra ellos de uno en uno cada vez. El segundo punto débil, y que pronto sería corregido, era el haber realizado la construcción con madera, lo que convertía a este diseño en una presa fácil del fuego. A pesar de todo, el diseño de la plaza y recinto fue construído y utilizado durante varios siglos.
El diseño de la plaza y recinto empezó a cambiar reemplazando primero la torre de madera por una torre u otra edificación de piedra. Más tarde los edificios de los recintos interior y exterior fueron también construidos en piedra. Como consecuencia incorporó nuevos detalles defensivos, como ranuras estrechas en las paredes para disparar flechas, torres de guardia, y trampillas desde donde arrojar piedras o aceite hirviendo sobre los invasores.
La edificación principal, la torre en lo alto de la colina o montículo, fue sustituida por dos tipos básicos de construcciones, conocidos a veces como "donjons" o fortines. El tipo más sencillo y más barato de fortín consistís era la guarida amurallada, que era simplemente una muralla de piedra rodeando la empalizada superior, con la residencia y otros edificios sustituyendo a la torre, y usaba la empalizada exterior como su muralla más externa. En la cima de la colina aparecía así un espacio abierto. La principal ventaja de este diseño era que podía ser fácilmente ampliado o modificado, y que su peso se distribuía por igual sobre la colina, con lo que podía construirse sobre motículos artificiales de escombros, con poco peligro de que las muralas se dañaran por los asentamientos del terreno debido a su propio peso.
El otro tipo de fortín derivado del plaza y recinto fue la torre de piedra amurallada, cuadrada. Estas masivas construcciones de piedra eran tan pesadas que debían construirse sobre colinas naturales, ya que las artificiales tendían a asentarse y a fisurar y quebrar finalmente la torre. Cuando se quería construir una torre de piedra pero no había una colina adecuada en las cercanías, los constructores a veces la construían sobre el suelo llano y luego la cubrían de tierra hasta llegar a su mitad, creando en esencia una colina artificial. Los muros de una torre de piedra promedio eran de un espesor de 15 pies (unos 5 metros), y podían llegar a alcanzar una altura de 50 pies (cerca de 17 metros). Cimentada sobre grandes piedras o sobre pesados pilotes de madera, la torre se ensanchaba en la basada para para protegerse del ataque de un ariete o de la piqueta. Una torre cuadrada promedio podía tener una superficie de 3600 pies cuadrados (unos 400 metros cuadrados), o sea unos 20 metros de lado. Poseían varios niveles. En el nivel inferior habia numeroras ventanas estrechas y ranuras, usadas inicialmente para la ventilación del aire y la entrada de luz; más tarde se transformaron para disparar flechas y asumieron un papel vital en la defensa del castillo. En el segundo y tercer piso, la ranuaras se agrandaban hasta los dos pies de ancho y cuatro de alto, pero no solían estar abiertas al exterior, sino cerradas con contraventanas y barradas por dentro.
La entrada a una torre cuadrada de piedra se realizaba a través de una puerta ancha en el nivel inferior o por una puerta más reducida en el segundo piso. Ësta última sin embargo sólo era accesible por una escalera estrecha que corría en el sentido de las agujas del reloj por el exterior hacia ella. En cualquier caso, muchas de estas edificaciones tenían una torre menor para guardar la entrada por ambas puertas. En el interior, el diseño era bastante similar a la construcción original de madera de los siglos anteriores, con una gruesa pared tranversal de forma que si la entrada al fortín era forzada, los defensores pudieran retirarse todavía a otra línea de defensa. La pared tranversal, en la primera y segunda planta, era robusta y sólo tenía una puerta que comunicaba ambas partes. Al igual que la escalera exterior de la entrada principal, todas las escaleras interiores seguían el sentido de las agujas del reloj, dando a los defensores suficiente espacio para usar sus armas adecuadamente, mientras que los atacantes tenían dificultades para manejar sus escudos y espadas (suponiendo que fueran diestros, por supuesto).
La mayor debilidad de una torre de piedra radicaba en sus esquinas cuadradas, que podían ser quebrantadas fácilmente por máquinas de asedio y eran difíciles de defender (los defensores debían exponer la mayor parte de sus cuerpos para disparar a los invasores concentrados en la base de los muros). Este problema fue ligeramente corregido redondeando las esquinas y construyendo un edificio cilíndrico. Sin embargo, justo cuando el nuevo diseño empezaba a expandirse, otros avances en campos distintos a la de la fortificación, cambiaron para siempre la idea de que una torre de piedra era la mejor estructura de defensa, y sólo se construyeron pocas torres redondas.
• Defensas amuralladas.
Al principio todos los castillos estaban construidos con el diseño de plaza y recinto, un sistema defensivo basado en murallas y torres descoordinadas a la hora de rechazar a los atacantes y permitir a los defensores la posibilidad de contrataques. Sin embargo, funcionó pocas veces y a menudo el atacante simplemente se concentraba sobre cada línea de muralla, la reducía a escombros y pasaba a atacar a la siguiente línea. Pasado algún tiempo, llegaron nuevas técnicas de fortificación. Se empezaron a añadir nuevas características a los castillos existentes y surgieron diseños totalmente nuevos. La atención se trasladó desde el supuestamente inexpugnabe "donjon" a las murallas del recinto, porque para los atacantes era más sensato quebrantar la muralla más externa y después pasar a saquear y asolar los numerosos edificios y almacenes situados dentro del recinto exterior.
Las principales mejoras realizadas en las murallas fueron medidas realizadas para dar cobertura a los arqueros, almenas modificadas para soportar las máquinas de asedio y las torres móviles, y amplios corredores (adarves) para dar libertad de movimiento a un gran número de ellementos de tropa y de caballeros sobre las murallas. Todavía estaba el importante problema de los mineros, y de las máquinas de asedio actuactes sobre la base de las murallas. La única solución para mantener a los atacantes alejados de las murallas era impedir que se acercaran. Eso se resolvió con la invención del "merlon", que consistía en una zona alta de la muralla con aberturas para arrojar flechas, agujeros asesinos y artefactos que permitían el bombardeo total sobre los guerreros situados an la base de la fortificación.
Otra forma de proteger la murala de las máquinas de asedio como los arietes, la piqueta o la hélice era el uso de una plataforma cubierta de madera construida sobre las almenas en voladizo sobre el exterior y que permitía arrojar flechas y piedras a través de aberturas en su suelo. A estas medidas tan simples no se les ha prestado demasiada atención porque eran blancos fáciles de armas como la catapulta y las ballestas, si bien el uso del "merlon" y de los "hoardings" juntos demostró ser una manera efectiva de mantener a los atacantes a raya.
Los mayores avances en el diseño de castillos y fortificaciones fue el uso de la torre en flanco. Hasta entonces, las torres cuadradas y los "merlon" se habían dispuesto incluso en el recinto exterior del conjunto plaza y recinto, pero extendiendo algunas torres más allá del recinto exterior, lo que permitía a los defensores desde aberturas situadas en los laterales de dichas torres diparar a lo largo de todo el perímetro de las murallas exteriores del castillo. Esto significaba que el guerrero no tenía que exponer su cuerpo a los arqueros enemigos en un intento de disparar a los invasores situados cerca de la muralla.
Cada torre de flanco también proporcionaba fuego cruzado a sus homólogas más cercanas. Cuando la muralla exterior era superada, podían acosar y contener al ejército invasor desde zonas alejadas. Las primeras torres de flanco tenían tres lados, con su trasera abierta al recinto interior, de forma que en el caso de que la torre fuera tomada por las fuerzas invasoras, pudiera serles de poca utilidad. Pasando el tiempo las torres de flanco se hicieron cuadradas y con paredes en todos sus lados.
Los avances en la habilidad de hacer torreones circulares se aplicaron también a las torres de flanco, y la mayoría de las torres de flanco nuevas eran cilindricas.
• Castillos concéntricos.
El período más importante en el desarrollo de los castillos ocurrió con la aparición del castillo concéntrico. El origen de estos castillos consistía en un conjunto de varias torres y murallas, normalmente de planta cuadrada, rodeadas por otra muralla más baja con sus propias torres de flanco. El espacio entre estas dos murallas, normalmente separadas sólo unas pocas decenas de pies, estaba dividido con una serie de murallas tranversales que segmentaban el patio interior. Con ello, si una fuerza enemiga penetraba por la primera muralla, se vería confinada en un sitio concreto reducido y frente a una segunda línea defensiva amurallada. La zona del espacio confinado se llego a conocer como "el sitio de la masacre", porque casi todos los componentes iniciales de la tropa atacante que llegaban a esta área reducida caían diezmados por los arqueros y por las piedras arrojadas desde la segunda muralla.
Llego un momento que los castillos estaban tan fuertemente defendidos que atacarlos estaba fuera de lugar. La única opción que quedaba era un largo asedio donde las máquinas de guerra estaban ociosas hasta que el hambre y la peste mataban a todos los que estaban dentro de las masivas murallas de piedra.
Con ello, el castillo dejo de ser poco a poco el principal punto de atención de la guerra y perdió su conocido papel como defensor de los campesinos y de la alta burguesía.
• La puerta fortificada.
No se debe olvidar uno de los puntos vitales del diseño de un castillo: la puerta fortificada. La puerta fortificada (una estructura que protegía el camino de entrada al castillo) consistía en dos torres cuadradas a cada lado del camino de entrada en el muro del recinto exterior de la plaza y recinto. Fue sustituido por cuatro torres, dos a cada final de la entrada, conectadas por una corta muralla de piedra que proporcionaba una protección excelente y que embotellaba al enemigo entre ellas si conseguía pasar las primeras puertas.
Sin embargo, en este momento las cuatro torres todavía eran estructuras cuadradas. Estas torres cuadradas evolucionaron en torres redondeadas o circulares. Las cuatro torres se habían conectado con cortos pasillos que permitían libertad de movimiento y daban seguridad a las tropas dentro de ellas que guardaban la entrada. Con ello podían moverse libremente de una torre a otra sin temer ser alcanzados por la artillería enemiga.
Con la invención y el uso de la puerta fortificada vigilada, estas construcciones desarrollaron un papel muy importante en rechazar a los invasores. Puesto que permanecían literalmente en la entrada del castillo, los defensores en su interior tenían oportunidades de combatir afuera del castillo. De esta forma, se enfrentaban al enemigo, pudiendo retirarse del campo de batalla sin poner en peligro el castillo mismo.
Cuando este elemento se extendió por toda Europa, unas defensas adicionales, llamadas barbacanas, fueron construidas para proteger el conjunto de la entrada. La barbacan actuaba como un recinto en miniatura, con murallas extendidas en ángulo recto desde las fortificaciones del castillo. Cualquier ataque a la entrada fortificada tenía que pasar a través de un pasaje muy estrecho, desde donde la artillería y los arqueros en el interior de la entrada fortificada llevaba la muerte sobre los intrusos. Pasando el tiempo, estos recintos amurallados exteriores incorporaron torres de piedra, fortines, zanjas, puentes elevadizos y fosos inundados para dificultar más aún la entrada al castillo propiamente dicho.
Un castillo es también algo más que las torres y murallas de piedra que se alzan sobre una pinturesca colina o en lo alto de un macizo rocoso. Un castillo debe proteger las tierras trabajadas por los campesinos locales y que alimentan al señor del castillo, a sus sirvientes, y a sus artesanos privados, y los bosques donde ciervos, zorros, osos y otros animales salvajes crían y se cazan.
Además de tener que proteger los campos con fértiles cosechas y bosques llenos de árboles y arbustos, un castillo sirve también como lugar de reunión de artesanos muy valiosos como herreros, panaderos y carpinteros. Cuando un castillo crece y aumenta de tamaño, puede aparecer una villa, pueblo o ciudad en sus cercanías, atrayendo a artesanos más especializados como alquimistas, banqueros y cartógrafos.
Un castillo sirve como centro del gobierno local y como base de la administración judicial. Es más que probable que un castillo tenga también una prisión o un calabozo, una estacada para ofensores menores, y la guillotina o el emparedamiento para los asesinos, salteadores y otros graves ofensores de la ley.
El castillo tendrá al menos una capilla para que la empleen las pequeñas aldeas o pueblos sin monasterio o templo para las ceremonias religiosas y fiestas. Un castillo puede también actuar como una escuela para la alta burguesía local, permitiendo que sus hijos aprendan a leer y a escribir. Otros, unos pocos elegidos, irán allí esperando aprender los códigos y los votos que les servirán en su camino hacia la caballería.
En resumen, el castillo es el nexo de unión de todo el comercio y todas las actividades que se desarrollen en las tierras cotroladas por un señor o por el rey.
Evolución de los tipos de Castillos.
Hay tres diseños humanos básicos de castillos, que incluyen la plaza y recinto, las defensas amuralladas y el castillo concéntrico. El estilo de ambientación determinará exactamente qué tipo de castillo y qué parámetros podrá usar en la construcción del castillo.
Hay varias fases o niveles de tecnología en la construcción de fortalezas y castillos:
• Plaza y recinto ("Motte Bailey").
Este diseño consiste en un gran motículo de tierra o una colina natural ("motte") con una torre de madera en lo alto rodeada por una empalizada y un foso. En muchos casos este conjunto estaba rodeado por otras edificaciones ("bailey") usadas como alojamientos para invitados o para otros miembros de la familia (el hijo mayor, la madre, el hermano), barracones de los sirvientes, de las tropas, puestos de guardia, establos, rediles de animales y almacenes. Todo ello estaba a su vez rodeado por otra empalizada y otro foso. Esta segunda empalizada a menudo conectaba con la primera. La entrada al recinto se realizaba a través de un puente elevadizo y un portalón, que consistía normalmente en dos torres robustas flanqueando el puente elevadizo con tornos que controlaban la bajada y subida del puente, de madera o en parte de matal.
Este diseño básico defensivo provó ser suficientemente fuerte pero tiene dos importantes defectos: el primero está en su serie de obstáculos (las empalizadas y los fosos), que no se pueden ayudar entre sí y permite que los atacantes concentren sus fuerzas contra ellos de uno en uno cada vez. El segundo punto débil, y que pronto sería corregido, era el haber realizado la construcción con madera, lo que convertía a este diseño en una presa fácil del fuego. A pesar de todo, el diseño de la plaza y recinto fue construído y utilizado durante varios siglos.
El diseño de la plaza y recinto empezó a cambiar reemplazando primero la torre de madera por una torre u otra edificación de piedra. Más tarde los edificios de los recintos interior y exterior fueron también construidos en piedra. Como consecuencia incorporó nuevos detalles defensivos, como ranuras estrechas en las paredes para disparar flechas, torres de guardia, y trampillas desde donde arrojar piedras o aceite hirviendo sobre los invasores.
La edificación principal, la torre en lo alto de la colina o montículo, fue sustituida por dos tipos básicos de construcciones, conocidos a veces como "donjons" o fortines. El tipo más sencillo y más barato de fortín consistís era la guarida amurallada, que era simplemente una muralla de piedra rodeando la empalizada superior, con la residencia y otros edificios sustituyendo a la torre, y usaba la empalizada exterior como su muralla más externa. En la cima de la colina aparecía así un espacio abierto. La principal ventaja de este diseño era que podía ser fácilmente ampliado o modificado, y que su peso se distribuía por igual sobre la colina, con lo que podía construirse sobre motículos artificiales de escombros, con poco peligro de que las muralas se dañaran por los asentamientos del terreno debido a su propio peso.
El otro tipo de fortín derivado del plaza y recinto fue la torre de piedra amurallada, cuadrada. Estas masivas construcciones de piedra eran tan pesadas que debían construirse sobre colinas naturales, ya que las artificiales tendían a asentarse y a fisurar y quebrar finalmente la torre. Cuando se quería construir una torre de piedra pero no había una colina adecuada en las cercanías, los constructores a veces la construían sobre el suelo llano y luego la cubrían de tierra hasta llegar a su mitad, creando en esencia una colina artificial. Los muros de una torre de piedra promedio eran de un espesor de 15 pies (unos 5 metros), y podían llegar a alcanzar una altura de 50 pies (cerca de 17 metros). Cimentada sobre grandes piedras o sobre pesados pilotes de madera, la torre se ensanchaba en la basada para para protegerse del ataque de un ariete o de la piqueta. Una torre cuadrada promedio podía tener una superficie de 3600 pies cuadrados (unos 400 metros cuadrados), o sea unos 20 metros de lado. Poseían varios niveles. En el nivel inferior habia numeroras ventanas estrechas y ranuras, usadas inicialmente para la ventilación del aire y la entrada de luz; más tarde se transformaron para disparar flechas y asumieron un papel vital en la defensa del castillo. En el segundo y tercer piso, la ranuaras se agrandaban hasta los dos pies de ancho y cuatro de alto, pero no solían estar abiertas al exterior, sino cerradas con contraventanas y barradas por dentro.
La entrada a una torre cuadrada de piedra se realizaba a través de una puerta ancha en el nivel inferior o por una puerta más reducida en el segundo piso. Ësta última sin embargo sólo era accesible por una escalera estrecha que corría en el sentido de las agujas del reloj por el exterior hacia ella. En cualquier caso, muchas de estas edificaciones tenían una torre menor para guardar la entrada por ambas puertas. En el interior, el diseño era bastante similar a la construcción original de madera de los siglos anteriores, con una gruesa pared tranversal de forma que si la entrada al fortín era forzada, los defensores pudieran retirarse todavía a otra línea de defensa. La pared tranversal, en la primera y segunda planta, era robusta y sólo tenía una puerta que comunicaba ambas partes. Al igual que la escalera exterior de la entrada principal, todas las escaleras interiores seguían el sentido de las agujas del reloj, dando a los defensores suficiente espacio para usar sus armas adecuadamente, mientras que los atacantes tenían dificultades para manejar sus escudos y espadas (suponiendo que fueran diestros, por supuesto).
La mayor debilidad de una torre de piedra radicaba en sus esquinas cuadradas, que podían ser quebrantadas fácilmente por máquinas de asedio y eran difíciles de defender (los defensores debían exponer la mayor parte de sus cuerpos para disparar a los invasores concentrados en la base de los muros). Este problema fue ligeramente corregido redondeando las esquinas y construyendo un edificio cilíndrico. Sin embargo, justo cuando el nuevo diseño empezaba a expandirse, otros avances en campos distintos a la de la fortificación, cambiaron para siempre la idea de que una torre de piedra era la mejor estructura de defensa, y sólo se construyeron pocas torres redondas.
• Defensas amuralladas.
Al principio todos los castillos estaban construidos con el diseño de plaza y recinto, un sistema defensivo basado en murallas y torres descoordinadas a la hora de rechazar a los atacantes y permitir a los defensores la posibilidad de contrataques. Sin embargo, funcionó pocas veces y a menudo el atacante simplemente se concentraba sobre cada línea de muralla, la reducía a escombros y pasaba a atacar a la siguiente línea. Pasado algún tiempo, llegaron nuevas técnicas de fortificación. Se empezaron a añadir nuevas características a los castillos existentes y surgieron diseños totalmente nuevos. La atención se trasladó desde el supuestamente inexpugnabe "donjon" a las murallas del recinto, porque para los atacantes era más sensato quebrantar la muralla más externa y después pasar a saquear y asolar los numerosos edificios y almacenes situados dentro del recinto exterior.
Las principales mejoras realizadas en las murallas fueron medidas realizadas para dar cobertura a los arqueros, almenas modificadas para soportar las máquinas de asedio y las torres móviles, y amplios corredores (adarves) para dar libertad de movimiento a un gran número de ellementos de tropa y de caballeros sobre las murallas. Todavía estaba el importante problema de los mineros, y de las máquinas de asedio actuactes sobre la base de las murallas. La única solución para mantener a los atacantes alejados de las murallas era impedir que se acercaran. Eso se resolvió con la invención del "merlon", que consistía en una zona alta de la muralla con aberturas para arrojar flechas, agujeros asesinos y artefactos que permitían el bombardeo total sobre los guerreros situados an la base de la fortificación.
Otra forma de proteger la murala de las máquinas de asedio como los arietes, la piqueta o la hélice era el uso de una plataforma cubierta de madera construida sobre las almenas en voladizo sobre el exterior y que permitía arrojar flechas y piedras a través de aberturas en su suelo. A estas medidas tan simples no se les ha prestado demasiada atención porque eran blancos fáciles de armas como la catapulta y las ballestas, si bien el uso del "merlon" y de los "hoardings" juntos demostró ser una manera efectiva de mantener a los atacantes a raya.
Los mayores avances en el diseño de castillos y fortificaciones fue el uso de la torre en flanco. Hasta entonces, las torres cuadradas y los "merlon" se habían dispuesto incluso en el recinto exterior del conjunto plaza y recinto, pero extendiendo algunas torres más allá del recinto exterior, lo que permitía a los defensores desde aberturas situadas en los laterales de dichas torres diparar a lo largo de todo el perímetro de las murallas exteriores del castillo. Esto significaba que el guerrero no tenía que exponer su cuerpo a los arqueros enemigos en un intento de disparar a los invasores situados cerca de la muralla.
Cada torre de flanco también proporcionaba fuego cruzado a sus homólogas más cercanas. Cuando la muralla exterior era superada, podían acosar y contener al ejército invasor desde zonas alejadas. Las primeras torres de flanco tenían tres lados, con su trasera abierta al recinto interior, de forma que en el caso de que la torre fuera tomada por las fuerzas invasoras, pudiera serles de poca utilidad. Pasando el tiempo las torres de flanco se hicieron cuadradas y con paredes en todos sus lados.
Los avances en la habilidad de hacer torreones circulares se aplicaron también a las torres de flanco, y la mayoría de las torres de flanco nuevas eran cilindricas.
• Castillos concéntricos.
El período más importante en el desarrollo de los castillos ocurrió con la aparición del castillo concéntrico. El origen de estos castillos consistía en un conjunto de varias torres y murallas, normalmente de planta cuadrada, rodeadas por otra muralla más baja con sus propias torres de flanco. El espacio entre estas dos murallas, normalmente separadas sólo unas pocas decenas de pies, estaba dividido con una serie de murallas tranversales que segmentaban el patio interior. Con ello, si una fuerza enemiga penetraba por la primera muralla, se vería confinada en un sitio concreto reducido y frente a una segunda línea defensiva amurallada. La zona del espacio confinado se llego a conocer como "el sitio de la masacre", porque casi todos los componentes iniciales de la tropa atacante que llegaban a esta área reducida caían diezmados por los arqueros y por las piedras arrojadas desde la segunda muralla.
Llego un momento que los castillos estaban tan fuertemente defendidos que atacarlos estaba fuera de lugar. La única opción que quedaba era un largo asedio donde las máquinas de guerra estaban ociosas hasta que el hambre y la peste mataban a todos los que estaban dentro de las masivas murallas de piedra.
Con ello, el castillo dejo de ser poco a poco el principal punto de atención de la guerra y perdió su conocido papel como defensor de los campesinos y de la alta burguesía.
• La puerta fortificada.
No se debe olvidar uno de los puntos vitales del diseño de un castillo: la puerta fortificada. La puerta fortificada (una estructura que protegía el camino de entrada al castillo) consistía en dos torres cuadradas a cada lado del camino de entrada en el muro del recinto exterior de la plaza y recinto. Fue sustituido por cuatro torres, dos a cada final de la entrada, conectadas por una corta muralla de piedra que proporcionaba una protección excelente y que embotellaba al enemigo entre ellas si conseguía pasar las primeras puertas.
Sin embargo, en este momento las cuatro torres todavía eran estructuras cuadradas. Estas torres cuadradas evolucionaron en torres redondeadas o circulares. Las cuatro torres se habían conectado con cortos pasillos que permitían libertad de movimiento y daban seguridad a las tropas dentro de ellas que guardaban la entrada. Con ello podían moverse libremente de una torre a otra sin temer ser alcanzados por la artillería enemiga.
Con la invención y el uso de la puerta fortificada vigilada, estas construcciones desarrollaron un papel muy importante en rechazar a los invasores. Puesto que permanecían literalmente en la entrada del castillo, los defensores en su interior tenían oportunidades de combatir afuera del castillo. De esta forma, se enfrentaban al enemigo, pudiendo retirarse del campo de batalla sin poner en peligro el castillo mismo.
Cuando este elemento se extendió por toda Europa, unas defensas adicionales, llamadas barbacanas, fueron construidas para proteger el conjunto de la entrada. La barbacan actuaba como un recinto en miniatura, con murallas extendidas en ángulo recto desde las fortificaciones del castillo. Cualquier ataque a la entrada fortificada tenía que pasar a través de un pasaje muy estrecho, desde donde la artillería y los arqueros en el interior de la entrada fortificada llevaba la muerte sobre los intrusos. Pasando el tiempo, estos recintos amurallados exteriores incorporaron torres de piedra, fortines, zanjas, puentes elevadizos y fosos inundados para dificultar más aún la entrada al castillo propiamente dicho.
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